El grupo de muchas vidas.
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Revisión

Belle And Sebastian, el secreto de la música pop

La deslumbrante aparición del grupo escocés a finales de los noventa sacudió la escena de pop mundial gracias a canciones de melodías inigualables y letras de alto calado literario que conectaron de manera inaudita, automática y profunda con un público ávido de emociones reales. Aprovechando el trigésimo aniversario de su debut, analizamos una trayectoria única y tremendamente personal que quizá ya no pudiera existir en el mundo actual.

Una tarde de 1997. Un adolescente ve un compact disc con diseño teñido en rojo que ha llegado a sus manos de manera completamente casual. En la portada, una chica habla por teléfono. Podría ser la protagonista de una película europea de los años sesenta, imposible de saber. Belle And Sebastian parece ser el nombre del grupo. “If You’re Feeling Sinister” (Jeepster, 1996), el título del álbum, aunque quizá sea al revés, no está muy claro. ¿Será un dúo? El chico, que aún no tiene 17 años, introduce el objeto en el discman que tiene en casa de sus padres y aprieta el botón de play. Casi como un susurro, se escucha una voz que canta con voz trémula: “Make a new cult everyday / to suit your affairs”. Un momento eureka que cambia una vida de manera irremediable y para siempre. Él todavía no lo sabe, pero esa música le va a recordar a The Velvet Underground, Nick Drake, The Smiths o Donovan –esto último sí lo sabe–.

En el interior del libreto, en lugar de la información típica sobre el proyecto, aparece un texto literario que habla de una chica llamada Belle (¿será Isabel? Luego se enteraría que el nombre viene de una serie de televisión). Los títulos de las canciones también parecen relatos cortos. O películas todavía por rodar: “Seeing Other People”, “Judy And The Dream Of Horses”, “Like Dylan In The Movies”, “Get Me Away From Here, I’m Dying”. El chico contiene la emoción. Esa que se siente cuando percibes que una obra de arte está hecha expresamente para ti. Que no habla de ti, pero sí crees que habla de ti.

Se muere de ganas de contárselo al mundo, pero ¿contar qué? No hay apenas información, no hay fotos, Internet es solo una promesa. Están las revistas de música, eso sí. Se habla de ellxs de vez en cuando en Rockdelux y en ‘Ab’. Darán un concierto en Barcelona, cuentan. Qué pena, el chaval no vive allí. ¿Cuántos son en la banda? El cantante debería llamarse Sebastian, pero en el artículo dice que no, que su nombre es Stuart y su apellido, Murdoch. Isabel sí aparece, pero se escribe Isobel. No parece una errata. Elena Cabrera los define así, el chico lo lee en una crítica: “Esto no es música, es magia”.

En un mundo de hiperinformación, algoritmos e inteligencias artificiales parece imposible imaginar el nivel de inocencia con la que se podía escuchar música. Belle And Sebastian, ahora lo sabemos de sobra, es un grupo escocés formado, en su primera alineación, por Stuart Murdoch (voz, guitarra, piano), Isobel Campbell (violonchelo, violín, instrumentos varios), Sarah Martin (violín, viola y más instrumentos también), Stevie Jackson (guitarra), Richard Colburn (batería), Stuart David (bajo) y Chris Geddes (teclado). Pronto se sumó Mick Cooke (trompeta). Pero en 1997 era un secreto que miles de personas guardaban para sí mismos.

En 1997, con Isobel Campbell (chicle en la boca).
En 1997, con Isobel Campbell (chicle en la boca).

En el principio fueron las canciones

Aquel disco fue el primer artefacto sonoro del combo que el mundo conoció. Todo el mundo menos las mil personas que habían podido comprar “Tigermilk” (Electric Honey, 1996), el debut de la banda. Grabado en los estudios CaVa de Glasgow en 1996 en el contexto del curso Beatbox Programme en el Stow College, al que se había apuntado Stuart Murdoch, cantante, compositor y alma mater del proyecto, el disco presentaba ya los puntos cardinales que definirían la trayectoria del combo: puntería melódica en canciones agridulces de belleza trémula y gigante conexión emocional consigo mismos y con el oyente. También un conocimiento obsesivo de la historia de la música popular y una intención de ensanchar las fronteras: el rock sixties al estilo The Rolling Stones de “I Don’t Love Anyone”, el electropop de juguete apuntado en “Electronic Renaissance”. Por las letras se pasean personajes en búsqueda de sí mismos, adolescentes viviendo en los márgenes sentimentales y tratando de encajar en un mundo que no los entiende. Un debut increíble, en sentido literal y figurado, que empezó a circular en cintas de casete grabadas en casa. “¿Tú sabes que Belle And Sebastian tienen otro disco?”. “¿En serio?, no tenía ni idea”.

Apenas unos meses después, la banda –con alineación ya definitivamente asentada– volvió a los estudios CaVa. Las composiciones se acumulaban en la cabeza de Stuart, en un momentum creativo desbordante que duró varios años más. Esta vez tuvieron una semana de grabación (¡lujo!) y un sello pequeñito, pero de verdad: Jeepster. El LP continuaba las directrices de su inmediato predecesor, pero con canciones de mayor nivel literario y musical. Los personajes tienen mayor malicia, se pasean con más soltura (“Seeing Other People”) y aparece la religión (“If You’re Feeling Sinister”) en una espiritualidad difusa y muy personal que pasó a ser eje vital de Murdoch: vivía en una iglesia en Escocia, haciendo las veces de guarda del espacio y allí podía ensayar con el grupo. Las canciones de amor presentan una dimensión inquietante (“Like Dylan In The Movies”) y la obsesión con los deportes de Stuart empieza a quedar clara (“Stars Of Track And Field”). Por encima de todas, “Get Me Away From Here, I’m Dying” se convierte en estandarte y casi manifiesto fundacional de esta aventura musical.

El estado de gracia compositivo de Murdoch se subrayó en una trilogía de EPs publicados por Jeepster en 1997 que contribuyeron a la mitología del grupo: no se repetían canciones, no había singles comerciales y cada lanzamiento tenía una cohesión artística y estética que no se veía desde ¿The Smiths? “Dog On Wheels”, “Lazy Line Painter Jane” y “3… 6… 9 Seconds Of Light!” son hitos esenciales en la primera etapa de los escoceses.

En 2004.
En 2004.

Nos presentamos al mundo

El éxito ya indiscutible del segundo álbum de Belle And Sebastian (es un decir, seguía siendo un secreto a voces limitado al mundo de pop independiente y publicaciones especializadas) concedió tiempo y espacio para que dejara de ser el viaje de Stuart Murdoch acompañado de amigxs y se convirtiera en una banda real. “The Boy With The Arab Strap” (Jeepster, 1998) fue la cristalización de ese proceso. Fue crucial el papel de Isobel Campbell, que añadió su sensibilidad personal y visión femenina a canciones como “Is It Wicked Not To Care?”, además de ser el contrapunto vocal de Stuart en la memorable “Sleep The Clock Around”. La trompeta de Mick Cooke cogió mayor peso y otros miembros del grupo aportaron también en tareas compositivas (Stevie Jackson en “Chickfactor” o Stuart David en “A Spaceboy Dream”). El disco entró en el top 20 de las listas británicas y ganó un premio Brit al artista revelación que fue acogido con socarronería por la banda; no hay muchos grupos que reciban un galardón así con tres obras editadas y otros tantos EPs en la calle.

Fuera como fuera, lo que quedó meridianamente claro es que los años de artesanía quedaban atrás y que Belle And Sebastian se acercaban al concepto tradicional de grupo pop. Esta primera etapa todavía tuvo tiempo para un disco más: “Fold Your Hands Child, You Walk Like A Peasant” (Jeepster, 2000). El impacto comercial siguió creciendo: top 10 de ventas en las islas británicas y la creación de su propio festival, el Bowlie Weekender. Pero algo parecía haberse roto. Como si se hubiera quitado un velo. Esa sensación de “a mí me gustaban más cuando no eran conocidxs”. Escuchado con perspectiva, el recuerdo agridulce que dejó el trabajo –incluso en la propia banda, apenas rescatan canciones del “Fold Your Hands…” en los directos– es injusto: aunque la decena de temas incluidos en la colección no presentaba novedades, apenas bajaba el nivel: “The Model”, “Waiting For The Moon To Rise” (aquí con Sarah Martin a la voz principal), “Don’t Leave The Lights On, Baby”, “Women’s Realm” o “There’s Too Much Love” son sencillamente fantásticas.

El público español tuvo su primer gran contacto piel con piel con Belle And Sebastian en el BAM barcelonés en 1997, en una Plaça del Rei expectante ante un concierto del que quizá se esperaba más de lo que ofrecieron (por contra, los que presenciaron la prueba de sonido horas antes hablan maravillas de aquellos mágicos momentos de prueba). Cuatro años más tarde llegó su mítica actuación en el FIB del año 2001: una abarrotada carpa –la temperatura era exagerada– vio a un grupo en estado de gracia. Una experiencia religiosa de carisma infinito e imagen perfecta: los pantalones de tela de Stuart, el vestido con una imagen de Bob Dylan de Isobel, Stevie en traje pese al calor.

Directo en el FIB (Benicàssim, 4 de agosto de 2001).

Puente sobre aguas turbulentas

Todo parecía maravilloso, como un cuento con final feliz, pero dentro de la formación no todo era de color de rosa. El epicentro: el final de la relación sentimental entre Campbell y Murdoch, final oficioso de la primera etapa de Belle And Sebastian que se puso dolorosamente de manifiesto en el EP “I’m Waking Up To Us” (Jeepster, 2001), escrito a carne viva y con diatribas durísimas que, sin poner nombres, era imposible no adjudicar a la pareja. La canción titular o “Take Your Carriage Clock And Shove It” son monumentos al dolor y, por qué no decirlo, al rencor. Casi a la vez, una aventura fallida: el director de cine Todd Solondz rechazó parcialmente la banda sonora que el combo había realizado para su película “Storytelling” (2001). Aun así, decidieron publicarlo como ente autónomo en 2002 vía Jeepster.

Ya con Isobel fuera del grupo y centrada en su proyecto paralelo The Gentle Waves, Stuart David también anunció su marcha para concentrarse en su propio grupo, Looper; fue sustituido por Bobby Kildea. Pese a la baja de dos de los miembros fundadores, el resto no solo siguió adelante, sino que redobló su ambición. ¿El objetivo? Ser un grupo grande, serio, profesional. Muchos fans no lo entendieron, pero era el paso natural y realista para ellos. Producido por Trevor Horn, “Dear Catastrophe Waitress” (Rough Trade, 2003) fue el fruto de aquello. Como si hubieran pasado a un mundo en tecnicolor, las canciones son más juguetonas (“Step Into My Office Baby” o la que da título al disco), hay acercamientos evidentes al rock como “Stay Loose” o “I’m A Cuckoo” y en general todo sonaba pulido, en su sitio. Otra dimensión. El álbum fue un éxito comercial y les permitió ampliar fronteras y público, aunque algún fan original se volvió a sentir traicionado, como si le hubieran arrebatado algo suyo.

Otro de los conciertos emblemáticos de Belle And Sebastian en España tuvo lugar el 11 de marzo de 2004 en la sala Aqualung de Madrid. Aquella mañana tuvieron lugar los terroríficos atentados en los trenes de cercanías, con 192 fallecidos. En un mundo sin redes sociales y sin smartphones, nadie supo muy bien qué hacer. ¿Tiene sentido asistir a un concierto de música pop? ¿Si vamos, tocarán? Sí, el público acudió (acudimos) y la banda dio su concierto. Antes de empezar, Stuart lo explicó: “Creemos que la música es un modo de conexión humana y una manera de refugio”. Fue un momento inolvidable y, efectivamente, su música fue conexión y refugio.

En 2006: Mick Cooke, Richard Colburn, Bobby Kildea, Chris Geddes, Stevie Jackson, Sarah Martin y Stuart Murdoch. Foto: Marisa Privitera
En 2006: Mick Cooke, Richard Colburn, Bobby Kildea, Chris Geddes, Stevie Jackson, Sarah Martin y Stuart Murdoch. Foto: Marisa Privitera

Próximo destino: el mundo

“The Life Pursuit” (Rough Trade, 2006) fue el siguiente eslabón en la carrera de lxs escoceses por dejar huella en la música popular. Registrado en California con el productor Tony Hoffer, es su obra más ambiciosa y diversa, con acercamientos al funk (“Sukie In The Graveyard”), al glam (“White Collar Boy”), el rock setentero (“The Blues Are Still Blue”) o la psicodelia (“Act Of The Apostle). Un triunfo desde cualquier óptica y la confirmación de que los viejos tiempos, para bien o para mal, no volverían. Hitos como llenar el Hollywood Bowl y reunir a 18.000 personas confirmaron que, desde luego, no se equivocaban en su ambición. Como anécdota de cómo era percibido el grupo, conviene rememorar la escena de la versión estadounidense de la película “Alta fidelidad” (Stephen Frears, 2000), cuando pinchan Belle And Sebastian en una tienda de discos y que fue clave para el aumento de su popularidad a nivel mundial y, en particular, Estados Unidos.

Por entonces llegó el primer parón relativo en su carrera: tuvieron que pasar cuatro años para que entregaran su siguiente LP “Write About Love” (Rough Trade, 2010), con colaboraciones de postín (la actriz Carey Mulligan, Norah Jones), pero solo dos canciones que entran de verdad en el olimpo del repertorio de la formación: “I Want The World To Stop” y “I Don’t See You Dancing”. Stuart Murdoch aprovechó para dirigir una película, el tierno musical “God Help The Girl” (2009). Belle And Sebastian se habían convertido en una presencia cotidiana en el mundo del pop. Siempre interesantes, siempre con buenas canciones. Pero sus álbumes quizá ya no serán nunca un acontecimiento.

El fichaje por el sello Matador, no obstante, supuso un nuevo impulso: “Girls In Peacetime Want To Dance” (2015) retomaba el pulso creativo, con mayor presencia de sintetizadores en los arreglos y un puñado de canciones infravaloradas. Como queriendo volver a los orígenes, volvieron a los EPs como formato preferido, recopilados en el más que estimable “How To Solve Our Human Problems” (Matador, 2018). Con giras constantes y presencia absolutamente cotidiana en festivales masivos, los últimos años de actividad discográfica de Belle And Sebastian trajeron los correctos “Days Of The Bagnold Summer” (Matador, 2019; banda sonora de la película homónima dirigida por Simon Bird), “A Bit Of Previous” (Matador, 2022; fue grabado en pandemia en su propio estudio) y el más reciente “Late Developers” (Matador, 2023).

El grupo en 2022. Foto: Hollie Fernando
El grupo en 2022. Foto: Hollie Fernando
La celebración con una gira ad hoc de los 30 años de “Tigermilk” e “If You’re Feeling Sinister” –la hemos visto hace pocos días en nuestros escenarios– ha ayudado a poner en valor la importancia histórica de una banda cuyas tres décadas de existencia son una carta de amor al pop entendido como género musical y, casi, una forma de vida. El testamento de que es posible poner el arte en el centro de todo, de que en el fondo lo único que importan son las canciones. En un reciente concierto de la citada gira, en Mánchester, una mujer que asistía al show junto a su marido y su hijo de 16 años (habían viajado desde Coventry y se tenían que quedar cerca de la puerta porque el hombre sufre una dolencia cardíaca) me contó que el adolescente había descubierto al grupo y que se había obsesionado con su música. Como un viaje en el tiempo. A tenor de la edad de muchxs de los asistentes a la actuación, no era el único que había sentido que Belle And Sebastian escriben música especialmente para él o para ella. ∎

Toda una vida en 10 canciones

10

Nobody’s Empire

de “Girls In Peacetime Want To Dance” > Matador, 2015

Stuart Murdoch lleva sufriendo una salud relativamente delicada desde joven. De adolescente, sufrió síndrome de fatiga crónica que lo mantuvo en cama durante meses. La canción habla de esos problemas y del aislamiento que sufrió a través de un ropaje de sintetizadores que van subiendo en intensidad hasta estallar de manera total. Una pequeña obra maestra.

09

Act Of The Apostle

de “The Life Pursuit” > Rough Trade, 2006

La presencia de la religión o, quizá sería mejor decir, la espiritualidad siempre ha estado presente en la obra de Stuart. Pero quizá nunca de una manera tan clara y evidente como en esta pieza que narra cómo esa espiritualidad impregna su vida de manera cotidiana. El acto del Apóstol quizá no sea un milagro, sino poder sobrevivir cada día.

08

Piazza, New York Catcher

de “Dear Catastrophe Waitress” > Rough Trade, 2003

Como si se tratara de un relato de los “Nueve cuentos” (1953) de J. D. Salinger, Stuart Murdoch se imagina a sí mismo escapando para casarse con la que efectivamente es su mujer. Una particular carta de amor al más puro estilo Paul Simon que, con el paso de los años, se ha ido convirtiendo en pieza clave del cancionero de Belle And Sebastian. Piazza es Joe Piazza, jugador del equipo de béisbol de los New York Nets.

07

I’m Waking Up To Us

de “I’m Waking Up To Us” > Jeepster, 2001

Es como abrir una puerta para mirar por la rendija cómo una pareja se está desmoronando. Son Stuart e Isobel, por supuesto. Frases como You like yourself and you like men to kiss your arse / Expensive clothes, please stop me there /  think I’m waking up to us, we’re a disaster hablan por sí solas. Pensar que ellxs dos estaban grabando juntos mientras rompían y escuchaban este tipo de ataque produce hasta pudor. Musicalmente, es maravillosa, como una balada clásica sacada de contexto.

06

The Chalet Lines

de “Fold Your Hands Child You Walk Like A Peasant” > Jeepster, 2000

La crónica (real, se lo pregunté a Stuart Murdoch cuando me lo encontré paseando entre el público en el FIB del año 2000) de la violación sufrida por una amiga suya una noche en Glasgow. ¿El violador? Un chico que ella había conocido en una fiesta. La frase “Me preguntan por qué no le he denunciado / ¿Qué puto sentido tendría eso?” atraviesa el corazón como un cuchillo helado.

05

The Boy With the Arab Strap

de “The Boy With the Arab Strap” > Jeepster, 1998

Si hay un tema que el propio Murdoch sienta como emblemático, quizá sea este. Es la que tocan en cada concierto, siempre con invasión de público al escenario. Stuart mezcla ficción y realidad en mil escenas costumbristas de su vida en Glasgow, casi en modo realismo mágico: What do you make of the cool set in London? / You’re constantly updating your hit parade of your ten biggest wanks, afirma para cerrar el tema.

04

Belle And Sebastian

de “Dog On Wheels” > Jeepster, 1997

El culmen de la metamística en el universo Belle And Sebastian. Una canción llamada como ellos en la que, por supuesto, una chica llamada Belle conoce a Sebastian. El tipo de canción que solo puedes escribir antes de triunfar, cuando el futuro es solo un deseo y no hay más realidad que la que estás viviendo in situ con extrema intensidad.

03

Lazy Line Painter Jane

de “Lazy Line Painter Jane” > Jeepster, 1997

Presencia invitada de la cantante Monica Cook y primera gran demostración de que la paleta sonora de la formación escapaba del arquetipo que podría planear sobre el grupo. Un chispeante dueto chico-chica que suena pequeño y gigante a la vez y que es imposible escuchar sin bailar o, como poco, mecer suavemente los pies.

02

Get Me Away From Here, I’m Dying

de “If You’re Feeling Sinister” > Jeepster, 1996

Stuart Murdoch iba a menudo a una discoteca de Glasgow en la que pinchaba un amigo, cuenta él, de gusto impecable. De alguna manera, sintió la necesidad de hacer canciones tan buenas como las que escuchaba allí y le salió una de ellas. Un himno generacional escuchado en mil habitaciones de todo el planeta.

01

The State I Am In

de “Tigermilk” > Electric Honey, 1996

La primera canción del primer disco de tu primer grupo. La primera impresión solo se puede dar una vez. “I was surprised I was happy for a day in 1995”, canta Stuart Murdoch, con la capacidad para condensar en una línea todo su universo narrativo. Un desarrollo lento que va creciendo poco a poco en una perfecta presentación al mundo. ∎

Una brillante carrera resumida en 5 discos

“Tigermilk”
(Electric Honey, 1996)

Tres días en un estudio de grabación dan para mucho si llevas toda la vida esperando a grabar tus canciones y si el azar hace que te rodees de las personas adecuadas. “Tigermilk” no es un disco, es una aparición. Hay folk intimista, pop atemporal y hasta experimentos electrónicos. Por sus canciones se pasean el protagonista de “The State I’m In”, que escribe una novela homónima mientras su hermano sale del armario, la chica de “Expectations” en su primera y terrible experiencia laboral y el propio Stuart Murdoch en modo autoficción (“My Wondering Days Are Over”). Un universo entero condensado en un álbum milagroso.

“If You’re Feeling Sinister”
(Jeepster, 1996)

La declaración definitiva. Un autor en estado de gracia que condensa obsesiones (amor adolescente, sentirse incomprendido, el deporte como una manera de encajar, la religión, mirar el mundo con los ojos muy abiertos) con total precisión literaria y emocional. Belleza fantasmagórica en retazos cotidianos y una ambición clara: volver a escribir canciones memorables como se hacía antes, tal y como confiesa en el himno “Get Me Away From Here, I’m Dying”.

“The Boy With The Arab Strap”
(Jeepster, 1998)

El momento en que la banda tuvo consciencia real de sí misma. Ya no era solo Stuart Murdoch con sus canciones de otro planeta (“It Could Have Been A Brilliant Career”, “Sleep The Clock Around”, “Easy Your Feet In The Sea”), sino la mirada femenina, profunda y sabia, de Isobel Campbell (“Is It Wicked Not To Care?”) y Stevie Jackson en modo notario de las aventuras locas del grupo (“Seymour Stein”). En 1998 nadie estaba haciendo música así. Ellos lo sabían y el público también.

“Push Barman To Open Old Wounds”
(Jeepster, 2005)

Aunque oficialmente sea una recopilación, no es posible entender la carrera de Belle And Sebastian sin todas las canciones recogidas en sus EPs. Hay aquí al menos dos álbumes –se publicó en doble CD y triple LP– que están al nivel de los mejores discos de los escoceses. Hay que ser muy especial y estar muy convencido de hacer las cosas de manera diferente para que temas como “Le Pastie de la Bourgeoisie”, “Lazy Line Painter Jane”, “This Is Just A Modern Rock Song”, “Put The Book Back On The Shelf”, “Jonathan David” o “Legal Man” no entren en tus obras titulares. Pero es que eran así, efectivamente: diferentes.

“The Life Pursuit”
(Rough Trade, 2006)

Ante todo, Belle And Sebastian son unxs enamoradxs de la música popular. Quizá en sus sueños adolescentes siempre se imaginaron sonar así: irresistibles, carismáticos, potentes. Paseándose por las décadas pretéritas de música anglosajona, pero con una perspectiva radicalmente actual (los personajes a veces parecen suspendidos en el tiempo como en una película de Wes Anderson, pero nunca viajan al pasado). Un álbum perfecto a su manera, aunque fuera con una magia diferente. ∎

Como complemento de esta Revisión, Nacho Ruiz selecciona esta exclusiva playlist de Belle And Sebastian.

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