Álbum

Fuka

Ex Machina2072213, 2023

14. 03. 2023

Lo que tienen todas las etiquetas “latinas” es que reducen una superficie de más de veinte millones de kilómetros cuadrados y dividida en veinte países a la mínima expresión. Y esa mínima expresión, por lo general, reproduce la mueca de unas culturas que, por lo que sea, ejercen una posición más dominante que las otras de cara a los mercados internacionales. Lo sufrió Panamá con el reguetón respecto a Puerto Rico, y después el propio Puerto Rico con Colombia. Y en parte se puede decir que algo semejante ha ocurrido en los últimos años con la idea de plugg latino en Chile respecto a la actualmente todopoderosa Argentina. Si pienso en un ejemplo para ilustrarlo me viene “5 Stars”, de C. Tangana, con Duki, Neo Pistea y Polimá Westcoast. O aquel temazo en el que Bad Bunny se montaba en el emo trap con Duki y Pablo Chill-E, “Hablamos mañana”: Argentina y Chile, por entonces, eran un poco la misma cosa a ojos internacionales.

Pero la primera experimentó de pronto un inesperado boom a nivel internacional, motivado fundamentalmente –y aquí podemos discutir, vale– por la aventajada presencia de sus artistas en el circuito streamer iberoamericano. Y obviamente la segunda se aprovechó de la exposición, llevando a las listas de ‘Billboard’ a gente como los propios Chill-E y Westcoast y otros como El Jordan 23, Pailita o Paloma Mami. Sin embargo, la consagración siempre a la sombra de Argentina provocó una separación brutal con la realidad de la música chilena –y se puede encontrar un paralelismo fuera de los circuitos urbanos: Mon Laferte–.

De hecho, Chile fue una de las escenas en las que Pedro LaDroga se fijó a mediados de la década pasada para nitroglicerinizar su sonido; mucho más un Yung Beef que reclutó a Pablo Chill-E para su “El Plugg Mixtape” (2018) y con quien terminó facturando un trabajo entero, “Shishi Plugg” (2020). O Sticky M.A., que cuenta entre sus colaboradores habituales a Polimá Westcoast. Chile fue fundamental para entender precisamente eso, el plugg, esa aproximación del trap ultradigitalizada, aguda y cibernética, chiclosa, electrónica y con apego por el dembow y el club que actualmente es tan influyente en el reguetón electrónico –¿se puede decir reguetron?– con el que triunfa Puerto Rico a través de artistas como Rauw Alejandro.

Y, aunque no lo parezca, sigue avanzando, bajo la superficie, en esas direcciones, como demuestran carreras recientes como las de Akatumamy, Gianluca, Aura BAE o –y vamos ya a lo que nos ocupa, perdón– Fuka. El joven chileno ha ido dando pasos hacia lo digital en su sonido, acercándose cada vez más en las producciones a la vertiente experimental del dembow y a la electrónica británica de herencia soundsystem. Hasta dar con su propia fórmula en “Ex Machina”, media hora fascinante de melodías pegajosas, futurista reguetón romántico y dancehall electrónico impulsada por subgraves diluidos, breaks, lúcidos efectos e imaginativos sintetizadores. De la alucinada “DONDE ESTÉS LLEGARÉ” –puro pop que conecta a Jowell y Randy con Omar Montes– a la oscura y experimental “TRES” o a la pulsión synthwave de “DEMO”. De una “ZONA G” que extrae toda la fuerza posible del reguetón pop y de la bass music a una “FIXURIAR” que gustará a los fans de Soto Asa, puro reguetón club codificado en lenguaje videojuego.

Llama la atención la modulación de la voz, entre una forma más “limpia” –no hay tal en un género que depende de las perversiones digitales y de la experimentación electrónica– y masculinizada y otra agudizada hasta el extremo, hasta una androide androginia. Las dos conviven en temas que parecen duetos como “TESTIGOS” o “KUANDO TAMOS LOS DOS” –¿no es esta estupenda canción una buena forma de imaginar a qué sonaría ese tan hipotético como comentado disco conjunto de Rosalía y Rauw?–. Pero es en la parte femenina donde más se disfruta “Ex Machina”, bañándose en dancehalls brillantes que le rezan a la diosa Bad Gyal como “LA TELE” o, sobre todo, “G22”: la primera canción es también la mejor, un tema irresistible con reminiscencias de “Alocao” (Omar Montes & Bad Gyal), sintes de Miami bass y lenguaje post rave que no es raro que le veas pinchar últimamente a Merca Bae si te pasas por una de sus sesiones. Hazlo. Te vendrá bien. ∎

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