En la cada día más concurrida bibliografía autobiográfica centrada en personajes de la música popular contemporánea conviven volúmenes previsibles, ficticios, amenos, hedonistas, onanistas, convencionales o sencillamente aburridos. También se pueden descubrir otros, ejemplos de honestidad brutal, en los que el autor expone, sin rodeos ni coartadas, los vericuetos personales y musicales que se tejen en torno a un eje vital, aliñados con anécdotas y hondas reflexiones. En esta última tipología podríamos encajar “Un canon personal” (“Formation. Building A Personal Canon Part One”, 2023; Berenice, 2024; traducción de Juan Manuel Ruiz Pardo), la primera fase de una cruda narración suscrita por el pianista y compositor Brad Mehldau (Jacksonville, 1970), una de las figuras más relevantes del panorama jazzístico de las tres últimas décadas.
“En este primer libro he seguido el ejemplo del género Bildungsroman, inaugurado por Goethe en ‘Los años de aprendizaje de Wilhelm Meister’”. Este tipo de novela (Bildungsroman significa en alemán ‘novela de formación’) cuenta la historia de una persona joven, y de cómo se convierte en un adulto. Una vez que ha alcanzado la madurez, la novela termina”. Este es el patrón que Mehldau adopta para hilar un relato que parte de su infancia y que se despliega cronológicamente hasta 1996, enriquecido por cavilaciones políticas, filosóficas, literarias, religiosas e incluso oníricas; sus primeros 26 años de vida segmentados en cuatro bloques: “Tom Sawyer”, “Nueva York”, “Meta Blues” y “El largo adiós”. Algunas de sus primordiales etapas se detienen en el Nueva York de finales de los ochenta y primera mitad de los noventa del pasado siglo, donde el pianista y compositor aterrizó y creció tras un itinerario familiar que discurrió por varias ciudades. De forma paralela, se detalla una vertiente personal, delimitada por una identidad solitaria, ensombrecida por abusos infantiles y condicionada por el descubrimiento de su bisexualidad. Todo ello desembocaría, ya en la veintena, en la inmersión en un mundo de la heroína que casi le cuesta la vida y que fue dejando por el camino a amigos –“Para Bill, James, Kevin y todos los ángeles”– a quienes dedica las 425 páginas de este libro.
Obviamente, la música copa la parcela decisiva de este canon, alimentada en su formación por un plural panel de modelos que salta de Bach a Rush pasando por Public Enemy, y donde la literatura también ocupa lugar privilegiado. De ahí un cuadro de citas que igual alude a James Joyce, Dylan Thomas o Kierkegaard que a Jim Carroll, la Biblia y Chuck D. Todo ello confluyó en la educación de un joven Mehldau que descubrió el jazz en sus años de instituto y que también dedica parte de estas páginas a analizar algunos hitos de su crónica.
En el fondo, esta notable y por momentos densa obra que el autor promete ensanchar en un segundo libro parece asumir sin eufemismos un doble rol que aúna, por un lado, el perfil autobiográfico con, por otro, el ejercicio terapéutico y liberador con el que terminar de restañar heridas.“Un camino a la curación” impulsado por la esperanza de encontrar respuestas, aunque no sean definitivas. ∎
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