La publicación en España de la biografía no autorizada “Verdadero creyente. Auge y caída de Stan Lee”, coincidiendo con el 60º aniversario de Spider-Man, es un buen punto de partida para revisar la vida y milagros del director de la Marvel fundacional de los 60. Y revisitar la génesis de la mitología estadounidense más influyente del mundo actual, el Universo Cinematográfico Marvel.
“Tenía varias caras. Casi me siento como si estuviera hablando de Charles Foster Kane. ¿Quién era? ¿Qué era? ¿Cómo era?”, dice Larry Lieber al comienzo de la biografía de Abraham Riesman sobre su hermano mayor, Stan Lee (1922-2018). “Depende de con quién hables y en qué momento”. Lo dice entrevistado cuarenta y cinco días después de la muerte de Lee, en su casa de Manhattan, un “estudio del tamaño de una caja de zapatos” que se contrapone implícitamente al patrimonio que amasó su hermano en vida. La alusión al “Ciudadano Kane” (1941) de Orson Welles revela la autoconsciencia de este libro y de algunos de sus personajes, empezando por su protagonista.
Porque quizá la principal habilidad del neoyorquino Stanley Lieber, que firmaba Stan Lee en los cómics porque quiso preservar su nombre real –siempre aspiró a triunfar fuera de la denostada industria del comic book–, fue su dominio del relato sobre sí mismo. Su conciencia del privilegio que supone narrar los hechos para reescribirlos a tu medida y del poder de los medios para amplificarlos y establecerlos como “verdad”. La historia la escriben los vencedores, en efecto, y Stan “The Man” Lee, como él mismo se apodaba, era el jefe. Aquellos que podían contradecir su relato en público eran sus subordinados... al menos hasta que dejaron de trabajar para él.
¿Y quién fue Stan Lee? Parafraseando a su hermano, depende de para quién. Para muchos jóvenes actuales, era el simpático abuelo que hacía cameos en las películas de Marvel Studios. Para muchos adultos de generaciones anteriores, desconocedores de detalles expertos, fue el “genio visionario” creador de Marvel Comics. También fue, según numerosos testimonios, una persona de “trato extraordinariamente agradable”, escribe Abraham Riesman en “Verdadero creyente. Auge y caída de Stan Lee” (2021; Es Pop, 2022; traducción de José María Méndez). Alguien “encantador, amable, afectuoso y cortés”. Para su hermano menor Larry Lieber, Lee fue un extraño distante en los 70, “cuando le costaba Dios y ayuda que Stan le encargase algún trabajo” (Lieber, dibujante y guionista, ayudó en los 60 a desarrollar personajes como Iron Man o el Hombre Hormiga). Para Jack Kirby o Steve Ditko, sus colaboradores principales en la Marvel fundacional, Stan Lee fue alguien que se apropió de sus méritos como (co)creadores de superhéroes que hoy conforman una franquicia multimillonaria propiedad de Disney: Los 4 Fantásticos, Hulk, Thor, Iron Man, La Patrulla-X, La Bruja Escarlata, Los Vengadores, Pantera Negra y otros (Lee & Kirby); Spider-Man y Doctor Extraño (Lee & Ditko). También fue alguien que no movió un dedo para ayudarlos a mejorar sus condiciones laborales ante el dueño de la compañía entonces, Martin Goodman, conforme Marvel –una diminuta editorial al borde del cierre a comienzos de los 60– iba creciendo gracias al éxito de sus nuevos superhéroes y empezaba a explotarlos fuera de los tebeos.
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