Bajo
Suscripción
El debut en largo de Moor Mother y DJ Haram es uno de los lanzamientos más arriesgados e inconformistas de los últimos meses. “Nothing To Declare” no es complaciente, pone al oyente contra las cuerdas, lo incomoda, hace que se mueva en el asiento pero también lo atrapa como solo lo hacen los discos que dejan huella.
Moor Mother y Haram debutaron como dúo en 2018, y desde el primer tema dejaron claro que no solo no podíamos esperar nada al uso, sino que también mostraron un tremendo sentido del humor que se repite ahora en “Easyjet”, un tema de poco más de un minuto en que se las oye burlándose de sí mismas, y que suena en mitad del álbum, como si quisieran romper la tensión de un trabajo que, por lo demás, no da tregua. “Nothing To Declare” se abre con un beat que recuerda al de unos disparos y con un “what you’re even doing over here” con el que las de Philadelphia ya dejan claro que no buscan la complacencia propia ni ajena. A partir de ahí el álbum evoluciona hacia un hip hop oscuro en que las bases de DJ Haram y las rimas de Moor Mother casan a la perfección. Hay espacio también para colaboraciones, como la de Lafawndah en “Totally Spies”, que le da una cierta dulzura. Algo parecido sucede con la participación de Orion Sun en “Nightflame”, un tema en el que Moor Mother casi parece ladrar mientras se escuchan unas darbukas febriles que van de la mano de un “bitch make room”. Son posiblemente los únicos respiros que da el álbum, porque a partir de ahí se vuelve todo mucho más oscuro.
En “Capitol” (con colaboración de Alli Logout) Moor Mother se enfrenta a una América en pie de guerra contra parte de su población (“America a call for arms against itself / And the selling of humanity one war at a time”). “No More Kings” transmite esa claustrofobia habitual en Camae Ayewa con unas rimas en las que se enfrenta a un sistema que la hace sentirse utilizada (“they got nothin’ for me / they want it for free”). Los ritmos sucios y distorsionados sirven de base a “Sixteen”, un canto de frustración en el que ni siquiera el escapismo es posible (“I just want my own island, but they destroyed the climate / Can’t brеathe without cryin’ and the governmеnt lyin’ / So much dying”). Esa rabia planea sobre todo el álbum, y en rimas como las de “Crown” es más que palpable por mucho que la música se suavice: “I felt the break / It took shape / I have nothing to claim / But everything to break”. Otro gran momento del disco es la reivindicación de la negritud en la música de baile que hacen en “Anthology” y que tiene un ritmo mucho más electrónico: Moor Mother pasa lista a los países del Caribe, África y Latinoamérica de los que la electrónica es deudora y de paso reivindica a Katherine Dunham, bailarina y coreógrafa de principios del siglo XX que montó la primera compañía de baile cuyos miembros eran afroamericanos.
700 Bliss no necesitan llenarse la boca con nombres de políticos o acontecimientos históricos, está claro que las tensiones sociopolíticas son las que inspiran este disco, pero es precisamente la ausencia de fechas la que le da atemporalidad a estas canciones a las que las rimas de Moor Mother y los beats de DJ Haram dan vida. Sería injusto que este gran álbum pasara desapercibido. ∎
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