Bajo
Suscripción
Cuentan que la química fue instantánea desde el primer encuentro, en junio de 2018 sobre el escenario del neoyorquino The Kitchen: por un lado, Arooj Aftab, la cantante y compositora nacida en Arabia Saudí pero criada en Pakistán, quien ese mismo año publicaría su segundo trabajo, “Siren Islands” (2018); y por otro, dos músicos de contrastada reputación en el jazz contemporáneo: el fabuloso pianista norteamericano de ascendencia india Vijay Iyer, propietario de una ineludible discografía, y el bajista y multinstrumentista Shahzad Ismaily, aliado de colegas de la talla de John Zorn, Tom Waits, Laurie Anderson y Lou Reed o el proyecto Ceramic Dog del guitarrista Marc Ribot. Aunque natural de Estados Unidos, el linaje pakistaní de Ismaily coronó la impronta oriental de una propuesta, reforzada aún más por el crecimiento creativo y comercial de Arooj Aftab de mano de su excelente “Vulture Prince” (2021), el álbum que la presentó en la pasarela internacional, llevándola a conquistar un premio Grammy (Best Global Music Performance) de la mano de la canción “Mohabbat”, y a suscribir contrato con Verve Records a finales de ese mismo año.
Firmado por los tres protagonistas, “Love In Exile” concreta un trabajo colaborativo y ponderado en el que cada cuota se antoja primordial: la sobrecogedora voz de Arooj Aftab transmitiendo ese gesto de magnética melancolía, heredada de la música qawwali y del poemario gazal, de voces como Abida Parveen –la reina de la música sufí– o Nusrat Fateh Ali Khan, y construyendo un relato que antepone sonoridad a historia; las precisas intervenciones de Iyer al piano acústico o Fender Rhodes, sin olvidar su envolvente juego de efectos electrónicos, y finalmente la volátil sutileza de bajo y sintetizadores de Ismaily. Un círculo que se cierra para discurrir sobre dilatadas texturas y minimalistas paisajes –seis piezas conectadas en algo más de setenta minutos de duración–, huyendo de urgencias y estruendos y creando un etéreo territorio de destilada improvisación que permitió que el álbum se registrara en pocas horas en el neoyorquino Flux Studio, bajo la supervisión del productor e ingeniero Damon Whittemore (Béla Fleck, Christian McBride, Cécile McLorin Salvant…), quien ya colaboró con la cantante en su trabajo precedente.
El disco también jugó un rol terapéutico entre los miembros del trío. Y así quedó constatado en un título que alude no tanto a la diáspora física como a la interna. Ese rumbo termina de convertir a “Love In Exile” en un ejercicio de plena espiritualidad que exige calmada interiorización. ¿La recompensa?: una íntima y hermosa vibración en la que recrearse una y otra vez sin miedo al desgaste. ∎
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