Álbum

Beverly Glenn-Copeland

The Ones AheadTransgressive-[PIAS] Ibero América, 2023

06. 09. 2023

Uno de esos nombres casi “tapados” por la historia oficial de la música, la obra de Beverly Glenn-Copeland (Filadelfia, 1944) comenzó a ser reconocida gracias al recopilatorio “Transmissions” publicado por Transgressive en 2020 y al documental “Keyboard Fantasies. The Beverly Glenn-Copeland Story” (Posy Dixon, 2019), un recorrido por una carrera poco común desarrollada en su mayor parte en Canadá (tiene nacionalidad del país de la hoja del arce), haciendo hincapié en su identidad como persona negra y trans.

En los ochenta, Glenn-Copeland publicó “Keyboard Fantasies” (1986), una casete de referencia en la electrónica (únicamente usó el sintetizador Yamaha DX7 y la caja de ritmos Roland TR-707) que fue ensalzada en 2021, tras algunas reediciones, en “Keyboards Fantasies Reimagined”, un álbum de remixes al que fueron convocados, entre otros, Bon Iver, Julia Holter, Arca, Ana Roxanne y Blood Orange. “The Ones Ahead” es su primer largo con material nuevo desde que en 2004 publicó, bajo el seudónimo de Phynix, “Primal Prayer”, recuperando su nombre en reediciones posteriores.

Su mezcla de folk, jazz, blues, música clásica (creció escuchando a Mozart, Bach y Chopin; Copeland es un homenaje al compositor Aaron Copland) e indagaciones africanas permanece inalterable y en plena floración en este nuevo álbum, con su imponente voz de soprano, que difumina fronteras en la definición de género, como hilo conductor. Nombres como Joni Mitchell, Nina Simone y Tim Buckley pueden salir a la superficie mientras se surfea sobre las composiciones del artista, salpicaduras de genios que refuerzan la singularidad de una propuesta que hinca sus raíces en las tradiciones negras y se nutre de otras influencias (neoclasicismo, new age) para ensamblar una obra personalísima cuyo eco llega hasta nuestros días (hola, Benjamin Clementine).

“Africa Calling” abre un disco que, a continuación, ofrece uno de los trabajos más emotivos de todo el listado con “Harbour (Song For Elizabeth)”, una canción dedicada Elizabeth Paddon, su esposa, con ofrendas de amor en versos como Don’t you know that you’re the deep Where water, earth and fire meet / Don’t you know that where you sleep / Life is laughing, weeping (…) Don’t you know that you’re the best / Shining out above the rest / Don’t you know that you’re the quest / My heart was seeking”.

Hay groove con épica en la magnífica “Stand Anthem” y en el gospeliano tema titular, un resumen de sus presupuestos humanistas (“Come, love can redeem / Life is an art / You have a part that’s yours to play / Come, show us your dreams / Life needs your hand to do what you can / In your own way”) que apela al poder sanador del arte y la música. Y, cerrando el círculo, África reaparece en “No Other”, una magnífica minisinfonía sobre la necesidad del hermanamiento universal y la importancia de no olvidar los orígenes (“I hear the ancients calling, calling, calling / All the ancestors calling / Come home, come home, come home / Come home, come home, sweetheart”), broche perfecto a un álbum que rebosa calidez, sentimiento, compasión y ternura. Hay que descubrirlo (y, por supuesto, descubrirse). ∎

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