Bajo
Suscripción
Cualquier reseña que se pudiera hacer de “Ants From Up There” cambió necesariamente el pasado martes 1 de febrero. En un escueto comunicado, Isaac Wood, vocalista y letrista de la banda, anunciaba que dejaba el grupo por la incapacidad de seguir con el proyecto sin llevarse por delante su salud mental. La de Black Country, New Road es una historia muy representativa de esta época. Son parte esencial de la oleada de grupos vinculados al Windmill y que se ha dado en llamar “nuevo post- punk británico” (piensen en Squid, en black midi, en Dry Cleaning). Hace unos años se llamaban Nervous Conditions y ya vivieron cambios traumáticos en el seno de la banda (aunque por motivos con los que es mucho más difícil empatizar). Ya con su nombre actual se convirtieron en the next big thing con apenas un par de canciones publicadas. Su debut en largo, “For The First Time” (2021), reescribía el “Spiderland” (1991) de los Slint en clave generacional, funcionando como un choque de trenes entre los desarrollos post-rock, la angustia del emo y la querencia por letras tan costumbristas como confesionales. El disco funcionaba, quizá no tan bien como los magistrales singles previos, pero conseguía transmitir una cierta congoja, muy de clase media británica, muy autorreferencial, pero congoja al fin y al cabo.
“Ants From Up There” nace de un grupo que lo tenía todo para triunfar, para triunfar a lo grande, para llenar pabellones y tener decenas de imitadores, y de repente hubo una pandemia y se paró el mundo y con ello el éxito que se les venía encima. El proceso que lleva del lanzamiento discográfico a la presentación en salas y festivales se rompió. La liturgia que empuja a un grupo más allá de la fascinación nerd de Reddit y RateYourMusic no fue posible, no existió el directo como confirmación del triunfo, como rito de paso que marca la consecución de unas expectativas (industriales, pero también de un público que quiere reconocerse como un ente colectivo). Las señales que dio la banda durante el último año fueron contradictorias. Parecía que se aproximaban hacia un pop épico a lo Arcade Fire, lleno de cuerdas y pompa, despertando un cierto recelo entre los que nunca simpatizamos con la fanfarria de los de Win Butler. Fueron dejando pistas de que algo pasaba dentro de la banda, medio en broma, medio en serio. Cuatro días antes de la salida de “Ants From Up There”, su cantante abandonaba el grupo para siempre. Venían a hacer historia.
El álbum parte de la repetición de motivos, de pequeñas ideas musicales y líricas que se van colando aquí y allá, gimmicks casi humorísticos: ese “Billie Eilish style” que citan en varias canciones, como una broma privada, ese “concorde” que hila la narrativa del disco, ese “the clamp” que mencionan en varios temas. Nunca paran de hilar conceptos. En “Chaos Space Marine” están Warhammer 40000, los Cardiacs, Arcade Fire y un hundimiento sentimental. En “Concorde” Isaac anticipa (qué doloroso resulta escuchar la canción ahora) cómo iba a dejar el grupo, mientras canaliza sus escuchas de Will Oldham repitiendo obsesivamente una secuencia de acordes que la banda quiebra rítmicamente. Si de algo pecaban las canciones de Black Country, New Road hasta la fecha era de una actitud defensiva, de tender a la linealidad. No es así en su segundo álbum. Convierten el melodrama en ligereza y el humor en tragedia, como en “Bread Song” (ese “and no-one had WiFi inside your apartment” que saca una sonrisa en medio de la desolación). Pocos versos son capaces de condensar el (des)amor a distancia como “well I just woke up / and you already don’t care / that I tried my best to hold you / through the headset that you wear”. Es un álbum lleno de humor, pero sin ironía. Un álbum lleno de virtuosismo, pero sin exhibiciones. “Ants From Up There” termina con dos canciones que superan los 9 minutos, con dos pruebas de fuego. “Snow Globes” rompe lo que sería una balada slowcore digna de los mejores Red House Painters con una percusión que parece venir de otro mundo, o del local de ensayo de al lado. En “Basketball Shoes” apuestan todas sus cartas a un dramatismo que la mayor parte de las veces resulta poco agradecido. Doce minutos de purgación por la vía de la épica que tienen todos los elementos para no funcionar y sin embargo lo hacen.
Es difícil saber qué va a ser del grupo sin Isaac, y qué va a ser de este álbum en la memoria colectiva. Está tan profundamente atado a unas circunstancias, a un momento histórico, que tan pronto puede convertirse en testimonio de este principio de década como en materia de chiste. Habrá un inevitable cambio de valores críticos. Igual en diez años estamos todos riéndonos de la épica, del virtuosismo, de las letras que se regodean en la autoconsciencia, de la neurosis y el autoodio, de una cierta querencia por el angst adolescente que siempre resulta peligrosa. Pero los Black Country, New Road se rieron antes. Y se rieron mejor. Ya han ganado. Un triunfo absoluto. ∎
Para poder leer el contenido tienes que estar registrado.
Regístrate y podrás acceder a 3 artículos gratis al mes.