Álbum

Jóhann Jóhannsson

Drone MassDeutsche Grammophon-Universal, 2022

31. 03. 2022

La mayoría de la gente probablemente no había oído hablar de Jóhann Jóhannsson antes de que ganara el Globo de Oro en enero de 2015 por su partitura para “La teoría del todo”, la película de James Marsh basada en la vida de Stephen Hawking. Sin embargo, el compositor islandés, fallecido en 2018 a los 48 años por sobredosis de cocaína y medicamentos, sí era conocido en la escena musical contemporánea desde hacía tiempo: antes de dedicarse a la música de cine –y con una primera juventud centrado sin demasiada fortuna en el rock–, Jóhannsson componía música de concierto, principalmente para orquesta, además de combinar grabaciones acústicas de instrumentos orquestales arquetípicos y su procesamiento electrónico. Pero fue su éxito como constructor de bandas sonoras –fundamentalmente, “The Miners’ Hymns” (2011) y “Sicario” (2015), además de la citada “La teoría del todo” (2014)– lo que lo llevó en 2016 a fichar por Deutsche Grammophon.

Para cuando ese contrato se firmó, Jóhannsson ya había compuesto y estrenado en directo una de sus obras de las que más se ha hablado en el ámbito posminimalista: “Drone Mass”, inédita discográficamente hasta ahora, y recién publicada por DG, en una grabación realizada en 2019. La obra era un encargo del American Contemporary Music Ensemble (ACME) para conmemorar el décimo aniversario de su fundación, y se iba a estrenar el 17 de marzo de 2015 en la sala del Templo de Dendur (uno de los cuatro templos egipcios que regaló Egipto a los países que ayudaron a salvar Abu Simbel y otros monumentos de quedar sumergidos por la construcción de la presa de Asuán; otro de esos templos es el de Debod que hay en Madrid) del Museo Metropolitano de Arte de Nueva York, con las voces del conjunto vocal Roomful Of Teeth y el propio compositor controlando las ondas electrónicas de la composición.

ACME ya había realizado varias giras con Jóhann y había una especial cercanía entre el conjunto de cámara y el compositor. Este compuso para la ocasión una obra larga, cerca de una hora de extensión, la más extensa obra vocal que había escrito hasta el momento, concebida, por la parte cantada, como una misa (mass, en inglés) o “un oratorio contemporáneo”, como lo definió el propio Jóhannsson entonces, mientras que para la parte drone recordaba que es un elemento “fundamental de mi música, aunque no siempre está presente. Al principio de mi carrera, leí sobre la experiencia de John Cage en la sala anecoica de Harvard, donde el único sonido que se oye en esa cámara totalmente silenciosa es el zumbido agudo del sistema nervioso y el zumbido bajo de la sangre que circula. Estas palabras tuvieron un impacto significativo en mí: la idea de estos dos zumbidos fundamentales, siempre presentes”. De hecho, una de las piezas de la obra se titula “The Low Drone Of Circulating Blood, Diminishes With Time” (“El zumbido grave de la sangre en circulación disminuye con el tiempo”).

Tras la muerte de Jóhannsson, Deutsche Grammophon no tardó en organizar la producción de esta grabación, que se realizó en mayo de 2019 en la iglesia de la Guarnición de Copenhague, donde se volvió a contar con el cuarteto de cuerda ACME, pero el octeto vocal elegido en esta ocasión fue una formación de renombre internacional, Theatre Of Voices, dirigida por su director artístico y fundador, el británico Paul Hillier. Ellos también guardan una estrecha relación con “Drone Mass”, ya que la habían interpretado dos veces en Estados Unidos y en Cracovia, con Jóhannsson y ACME, y otra vez más en Atenas, apenas cuatro meses después de la muerte del compositor. Theatre Of Voices también aparece en otras grabaciones de obras de Jóhannsson, como “Orphée” (2016), “Arrival” (2016), “Englabörn & Variations” (2018) y “Last And First Men” (2020).

El punto de partida para la composición de “Drone Mass” fue el “Libro Sagrado del Gran Espíritu Invisible”, también conocido como “Evangelio copto de los egipcios”, descubierto en 1945 en las ruinas de la antigua ciudad de Nag Hammadi y que, entre otros textos, utiliza un himno descrito como una serie de vocales aparentemente sin sentido, que se cree que son una representación de la glosolalia cristiana primitiva. Desde este punto de vista, la vocalización de las palabras, es decir, su sonido, es más importante que su significado, pese a que, como se explica en las notas del disco, las vocales del párrafo final (u aei eis aei ei os ei os ei) pueden leerse en griego antiguo como “que existe como Hijo por los siglos de los siglos. Eres lo que eres, eres lo que eres”. A Jóhannsson le interesaba también la idea gnóstica de un demiurgo malvado que atrapaba almas en cuerpos humanos y explicaba, en entrevistas publicadas con motivo del estreno de la obra, que “comer el fruto prohibido en el paraíso fue el primer paso que dio el hombre para liberarse de las ataduras de esta opresión”, y que asoció “esa visión con el dron, tanto en una dimensión sónica como en un flujo constante de sonido, pero también en un sentido metafórico, como símbolo de unos ojos que todo lo ven, a veces benévolos, a veces siniestros, desde el cielo”. En varios momentos de la obra el drone llega a recordarnos el sonido de las sirenas que anuncian a la población un ataque aéreo.

No estamos, pues, ante una obra sacra que transmita paz y serenidad (aunque también), sino, sobre todo, cierta sensación de intranquilidad y desasosiego.

Junto a referentes habituales del minimalismo místico europeo, como Arvo Pärt, Henryk Górecki o John Tavener, con los que podemos tender a relacionar “Drone Mass” en sus dos piezas iniciales –“One Is True” y “Two Is Apocryphal”–, en otros momentos de la obra puede “sentirse” la presencia tanto de Stockhausen como de Philip Glass: el primero, curiosamente, más presente y repartido por toda la composición, mientras que al segundo lo encontramos más puntualmente en las dos partes de “Divine Objects”, pieza en la que también nos topamos con violines que entran y salen de fase, a la manera del Steve Reich primitivo.

En “To Fold & Remain Dormant” y “The Low Drone Of Circulating Blood, Diminishes With Time” el uso de electrónica incluye sonidos distorsionados casi hasta el punto del glitch. Uno de los momentos más plácidos del disco lo descubrimos en las armonías vocales de “Moral Vacuums” y sus reminiscencias renacentistas (el momento más “misa” de toda la obra) y, por el contrario, quizá el más inquietante lo hayamos escuchado antes, con las construcciones vocales de “The Last Foul Wind I Ever Knew”, en el que la combinación de voces masculinas y femeninas, en vez de al Renacimiento, nos remite a la guturalidad que uno asocia con la noche de los tiempos.

La obra concluye con los casi nueve minutos de la pieza más larga del disco, “The Mountain View, The Majesty Of The Snow-Clad Peaks, From A Place Of Contemplation And Reflection” (“La vista de la montaña, la majestuosidad de los picos cubiertos de nieve, desde un lugar de contemplación y reflexión”), un título que sugiere un final tranquilo y sin sobresaltos, pero que esconde, como advierte John Schaefer, autor de las notas del libreto (y de dos decisivos libros divulgativos, “New Sounds. A Listener’s Guide To New Music”, aparecido en 1987; y “New Sounds. The Virgin Guide To New Music”, publicado en 1990), un final abierto, en el que “no está claro si se trata de una resolución o una resignación”. ∎

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