Álbum

Ludovico Einaudi

Nomadland Decca-Universal, 2021

30. 04. 2021

“Nomadland” resultó la ganadora de los Óscar de 2021 a la mejor película, a la mejor directora (Chloé Zhao) y a la mejor actriz (Frances McDormand). Se trata de una road movie norteamericana dirigida por una cineasta china y con una banda sonora en la que se ha puesto el foco sobre las seis piezas compuestas por el italiano Ludovico Einaudi… Como propuesta de road movie no podría ser más atípica, sobre todo si nos basamos en el modelo cuya base musical quedó fijada por “Easy Rider (Buscando mi destino)” (Dennis Hopper, 1969) o “Alicia en las ciudades” (Wim Wenders, 1974) y el rock americano sureño. La realidad de “Nomadland” no es tan “así”: de los veintiocho temas que aparecen en la película, solo once figuran en el disco comercializado por Decca. Se han quedado fuera, entre otros, Morrissey (con y sin The Smiths), la cantante country Loretta Lynn o Gram Parsons, además de unos cuantos villancicos famosos en Estados Unidos, que en la película tienen su función circunstancial y sí le confieren ese ambiente musical que uno asocia con los paisajes de cierta América profunda (Nevada, Arizona, Dakota del Sur, etc.) mostrados en la pantalla. En cambio, la mezcla de estilos que figura en el álbum es más propia de un popurrí no atípico, deslavazado…

La directora ha afirmado que cuando buscó ambientación musical para su película pensaba en “música clásica inspirada en la naturaleza” y dio con la “Elegy For The Arctic” de Einaudi, la pieza que el italiano compuso para una campaña de Greenpeace para la creación de un santuario marino en el Polo Norte y en la que aparecía tocando el piano sobre lo que parecía un pequeño iceberg flotando frente al glaciar Wahlenbergbreen, en el archipiélago noruego de Svalvard, en pleno océano glacial ártico. Investigando al compositor, se fijó en uno de sus proyectos más recientes, Seven Days Walking (2019): siete álbumes inspirados por los paseos por los alrededores de su casa, en los Alpes suizos, que Einaudi realizó en enero de 2018. Aunque el recorrido era siempre el mismo, las impresiones que le provocaba el paisaje eran distintas cada día, lo que nos remite a la supuesta imperceptibilidad del cambio, característica del primer minimalismo. Finalmente, la banda sonora de “Nomadland” incorporó cuatro piezas procedentes de este vasto proyecto (Golden Butterflies y “Low Mist” del Día 1 y “Gravity” y Low Mist –una variación– del Día 3, de las cuales solo la primera y la cuarta figuran en el disco o en Spotify), así como otras dos piezas procedentes de álbumes anteriores de Einaudi, Oltremare”, de Divenire (2006), y Petricor”, de “Elements” (2015), el trabajo que terminó de situar a Einaudi como el sumo sacerdote actual del posminimalismo. El mismo espíritu melódico e introspectivo que caracteriza las obras de Einaudi se encuentra también en Epilogue”, de ÓLAFUR ARNALDS, una pieza semidesconocida del islandés que, según ha explicado en su cuenta de Twitter, colgó en Soundcloud hace ocho años y que, redescubierta por Zhao, figura en la banda sonora.

El tono invernal de esta selección choca abruptamente con las otras canciones incluidas en el disco: una versión lo-fi del On The Road Again, el clásico country de Willie Nelson, cantado en directo en la película por muchos de sus intérpretes, en una especie de ritual pagano que tiene sentido en el filme, pero que en el disco resulta tan absurdo como un Cristo con dos pistolas. Aunque no haya nada que objetar a las otras canciones incluidas (como la versión de Answer Me, My Love” que NAT KING COLE grabó en 1954), ni a los cuatro temas que aparecen interpretados en directo en la película por varios de los actores (y que son, además, en la realidad, oscuros actores y/o cantantes de country y blues, como DONNIE MILLER, TAY STRATHAIRN, CAT CLIFFORD y PAUL WINER), sí lo hay a la mezcla tan bizarra de esos dos bloques de piezas tan dispares. Lo salva que estamos en la era de la escucha en streaming y que cada cual puede elegir con qué se queda y tirar del hilo de lo que más le guste (sin haber pagado por un disco completo y con una “lista de reproducción” que, sin las imágenes, resulta, cuando menos, extraña). Aunque, indudablemente, la calidad de los temas del sector americana (tanto por las canciones como, sobre todo, por sus intérpretes) es sensiblemente menor. ∎

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