Álbum

Marinita Precaria

No me miréisElefant, 2022

07. 02. 2022

Elefant, junto a Subterfuge y El Volcán Música, son seguramente los sellos surgidos del indie de los 90 que mejor están sabiendo leer estos tiempos. Los que mejor se están adaptando. Olfato, curiosidad y perspicacia se dan cita en sus salas de máquinas, al menos cuando de lo que se trata es de reclutar diamantes en bruto, de esos que conectan con la sensibilidad de ahora sin dejar de remitir a linajes admirables.

Marinita Precaria, que es el proyecto de la joven diseñadora y arquitecta cordobesa (aunque establecida en Madrid) Marina Gómez Marín, es el último eslabón de esa inoxidable cadena. Es el suyo un proyecto unipersonal en el cual embrida guitarras, voz y teclados, alentada por la inactividad profesional que le procuró aquella primavera de 2020 que fue como una amarga línea divisoria en la vida de tanta gente de su quinta, y cuyo primer álbum cobró forma con las mezclas en el estudio de Lorenzo Matellán (Single, Corazón, Chavales).

Son los suyos unos textos sencillos, honestos, transparentes y de una serena emotividad sin artificio, con su pellizco costumbrista, borboteando a través de melodías y arreglos que remiten a la chispeante y algo engañosa candidez de toda una escuela de hacer pop español: la que va de Vainica Doble o Aventuras de Kirlian hasta Espanto, pasando por Le Mans, Family, Astrud, Nosoträsh, Niza o Single. Y, en su caso, con la voz angelical de quienes pueden considerarse descendencia directa de Jeanette.

Tal manojo de referentes deriva en un debut en 10” lo suficientemente colorido como para no ser redundante. Tan diverso en ritmos y texturas que no resulta monolítico. Una colección de canciones sensibles, de una contención muy seductora, con los arreglos medidos, las palabras justas y una sutil elegancia por bandera, que remite a una delicadeza bien conocida, pero lo hace filtrada a través de un pathos muy actual. Nuevas pieles para viejas ceremonias, que diría aquel, proyectando al infinito un puñado de temas que aspiran a llegar a miles y miles de kilómetros del dormitorio en el que fueron alumbradas. ∎

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