EP

Minibús Intergalàctic

Música humana: ThalassaNEU!, 2025

01. 04. 2025

“Musica humana: Thalassa” es un trabajo modélico por su cuidadoso tratamiento del EP; para algunos, el mejor formato del mundo, aunque sea un objeto discográfico que a veces solo sirva de rácano ínterin entre álbumes regurgitando cortes descartados para retener la atención de los fans. Si bien su LP de debut, el gran Meditacions des dels miratges mercúrics (2024), salió hace un año, y el próximo se prevé para finales de este 2025 o principios de 2026, este EP llega fuera de toda sospecha, ya que es consecuencia del concurso “Salt a la Fama”, convocado por el Ayuntamiento de Salt, que Minibús Intergalàctic ganaron en 2023. Su premio consistió en poder grabar en los estudios locales Soundclub, donde registraron el disco con la colaboración del productor Lluís Costa.

Otra señal de que Minibús Intergalàctic entienden las bondades potenciales de un buen EP es que han sabido dosificar su rebosante cornucopia de recursos sin repetir esquema en ninguna de las cuatro canciones que lo integran, aprovechando de paso sus excelentes dinámicas como quinteto. El título procede de un relato de Arthur C. Clarke, “Cánticos de la lejana Tierra” (1986), donde “Thalassa” es un exoplaneta paradisíaco colonizado por embriones humanos –Musk y Varsavsky planean algo parecido– tras la destrucción de la Tierra. Una sociedad utópica sin religión ni culpa aunque el miedo a la muerte tenga sombras demasiado alargadas.

Esta faceta literal, o literaria, de Minibús Intergalàctic –visualizo todo el tiempo a Ivor Cutler conduciendo el bus del “Magical Mystery Tour” (1967), pero la conexión con Jaume Sisa, el cantautor galáctico, parece más evidente– se antoja fundamental a la hora de proporcionar consistencia a este proyecto juvenil con una “hendidura del trasfondo” –esa peculiar expresión que utilizaba el filósofo alemán Nicola Hartmann para indicar que una obra de arte tenía mucho poso– del tamaño del Valles Marineris marciano –por seguir con los símiles planetarios–. Quizá exageremos un poco, pero resulta evidente que la banda catalana sabe divertirse sin pecar de la superficialidad acrítica de un revivalismo simplón con la gran suerte, y esto también parece cierto, de que llegan en el momento justo respecto al rock.

El primer tema del EP, “No tinc temps”, con su efervescente carpe diem byrds-stoniano, condensa otro rasgo jugoso del quinteto: los teclados no son simples especias aromatizantes sino pura proteína en el menú sonoro de los autores de “Girona Blues”. Le sigue “Tots els llocs són lluny (caminant amb Clopixol)”, que suena a los Spacemen 3 de “Walking With Jesus” con sus trémolos y dos notas Farfisa interrumpidas por el riff de “Satisfaction”. Ícar Iranzo canta en vitriólicas inflexiones prog contra al mesianismo bienhechor –menciona a Cicerón, Jesucristo, Jaume I y Napoleón– en la piel de un enfermo mental –Clopixol se receta para tratar la esquizofrenia–. Recordemos que los dichosos moradores de Thalassa viven desprovistos, solo de momento, de la amarga memoria histórica.

Representa la revolución por euforia de una música a la vez expansiva y minimalista, satírica e intelectual, o sencillamente inteligente. “Tots els llocs són lluny (caminant am Clopixol)” sería hit masivo en un mundo que se molestara solo un poco en descartar la morralla que peor caldo hace. La nave Minibús Intergalàctic aterriza con “Senyor artiller” en el hilo musical, bajando las pulsaciones a base de acid folk antimilitarista. Las emociones humanas de los tres primeros números –hedonismo, redención y autodestrucción a modo de ciclo histórico griego– culminan con la instrumental “Thalassa”, pulsante como la velvetiana “All Tomorrow’s Parties”, bañada de órganos balsámicos y el eco misterioso de una vestal que remite a los correos cósmicos de Walter Wegmüller. ¿Alguien da más? ∎

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