Álbum

Philip Glass

Symphony No. 12 “Lodger”Orange Mountain, 2022

23. 02. 2022

Es sabida la historia: a Philip Glass le encargaron en 1992 que compusiera su primera sinfonía, y eligió para el acontecimiento nada más y nada menos que adaptar a su lenguaje y a ese formato “Low” (1977), el primero de los discos que David Bowie realizó junto a Brian Eno mientras vivía en Berlín. Cuatro años después, Glass, que ya había escrito otras dos sinfonías, volvió a Bowie y adaptó “Heroes” (1977), el segundo de los discos de la trilogía berlinesa del Delgado Duque Blanco, que se convirtió en su “Symphony nº 4 ‘Heroes’”. Todo parecía encarrilado para que Glass completara su propia trilogía de sinfonías sobre Bowie con “Lodger” (1979), el tercero de los discos que este y Eno gestaron en Berlín entre 1977 y 1979, pero no fue así… Glass comenzó a espaciar más sus sinfonías. La “Sinfonía nº 5” se estrenó en 1999. La “Sinfonía nº 6 ‘Oda plutoniana’”, en 2002. La “Sinfonía nº 7 ‘Tolteca’” y la “Sinfonía nº 8”, en 2005. La “Sinfonía nº 9”, en 2011; la “Sinfonía nº 10” en 2012… y ni rastro de “Lodger”. David Bowie había fallecido el 10 de enero de 2016 y la tristeza por la muerte del amigo fue lo que impulsó al compositor a terminar de cerrar, por fin, el círculo, pero antes hubo otra más, la “Sinfonía nº 11”, estrenada en enero de 2017.

Cuando Glass anunció el inminente estreno de la duodécima, sí se animó a explicar el porqué del retraso: “Lodger” no le gustaba musicalmente y, por eso, siempre que se ponía a ello terminaba dejándolo a un lado. El “Lodger” de Bowie es, de hecho, uno de los discos que menos repercusión comercial tuvo en su momento: menos experimental y más pop y con más referencias a la incipiente world music que los dos discos previos. Eso sí, contenía su “Boys Keep Swinging” como éxito transgeneracional.

Para Glass, lo más interesante de ese disco eran los textos y, en todo caso, el somero interés por los ritmos étnicos. Por eso, Glass decidió que, al contrario que las dos sinfonías previas sobre Bowie, cien por cien instrumentales, esta tenía que ser más bien un ciclo de canciones. Pero no iban a ser cantadas por un cantante lírico profesional. Puede que su elección de la cantante franco-beninesa Angélique Kidjo como voz solista sorprendiera, pero lo cierto es que los dos se conocían de tiempo atrás y ya habían colaborado en diversas ocasiones (Glass ha buceado en numerosas ocasiones en las músicas del mundo, desde antes incluso de ser minimalista, cuando conoció a Ravi Shankar). Sus lazos se estrecharon en 2013 cuando Kidjo –una figura de la world music más ecléctica, capaz de versionar a Talking Heads y a Celia Cruz– le propuso que compusiera la música para un ciclo de tres canciones cantadas en yoruba, el idioma de su Benin natal, para una serie de conciertos con la Orquesta Filarmónica de Luxemburgo que se estrenaría al año siguiente: “Ifé. Three Yorùbá Songs” (no publicado discográficamente).

Glass había comenzado a trabajar en la “Symphony nº 12 ‘Lodger’” después de la muerte de Bowie y le costó completarla. De hecho, no se concluyó realmente hasta casi el propio día de su estreno mundial, que tuvo lugar en el auditorio Walt Disney de Los Ángeles el 10 de enero de 2019, justo en el tercer aniversario del fallecimiento de Bowie. Y las críticas a la obra, que fue dirigida por John Adams, otro ilustre compositor minimalista, no fueron precisamente positivas, tal vez por los pocos ensayos (dos días, apenas) realizados.

El tiempo ha volado y, pese a la pandemia, las representaciones se han sucedido: Londres, París, Dresde, Hamburgo, Moscú, Praga, etc. Desde noviembre de 2019, además, ha tomado la batuta de sus interpretaciones un muy amigo y muy conocedor de la obra de Glass, Dennis Russell Davies, que ejerce desde hace varios años como director artístico de la Ópera de Brno y como director titular de la Orquesta Filarmónica de Brno. Son precisamente este director y esta orquesta los que han realizado la grabación del disco, realizada en julio de 2021, pero no en un auditorio, con público en directo, sino en un estudio de Praga, con los cambios que Davies había ido realizando.

La figura de Angélique Kidjo en la obra es casi omnipresente. Salvo en la obertura inicial, “Fantastic Voyage” –en la que la orquesta en pleno explota la fuerza del volumen de sus noventa músicos–, Kidjo canta en las otras seis canciones (cuatro menos que en el original de Bowie). Y “canciones” es la palabra correcta, porque la beninesa canta con su voz natural, grave, como una Marlene Dietrich negra, y siempre en primer plano. No canta como una soprano ni tampoco como Bowie, ni se espera que lo haga, porque las músicas no guardan relación alguna con las partituras del fallecido músico inglés, pero sí las letras, prácticamente intactas (aunque en “Fantastic Voyage” no se entiende que conserve el título de la canción con que Bowie abrió “Lodger”, al no incluir el texto ni contar con la música originales). Y si en el caso de la trilogía berlinesa original “Lodger” era el disco menos experimental y más pop de los tres, en la trilogía sinfónica de Glass sucede lo mismo: aunque se la llame sinfonía, es un ciclo de canciones de cuarenta minutos de duración, y es también el más fácil de escuchar para un no aficionado a la música clásica: esta “Sinfonía nº 12 ‘Lodger’” cuenta con una percusión mucho más numerosa y contundente que las otras dos (siempre nos referimos a las que completan la trilogía), hasta puntos casi paroxísticos, en los que también encontramos los característicos arpegios arremolinados del maestro de Baltimore, con el alemán Christian Schmitt al órgano. Es fácil imaginar la impresión que puede suponer escuchar esta obra en directo, con la potente intensidad de volumen que puede alcanzar una orquesta de noventa músicos, y retrotraerse a los conciertos amplificados del Philip Glass Ensemble de los años 70.

Si hubiera que elegir el momento más hermoso del disco este sería, probablemente, los dos minutos finales de “African Night Flight”, en los que Kidjo canta el “Asante habari habari ha / Asante nabana nabana na” con una delicadeza que habría sorprendido (y puede que entusiasmado) al mismísimo Bowie. En cambio, no habría estado tan satisfecho con la emotividad (o, más bien, con su carencia) que Kidjo expresa en términos generales, ya que no parece haber reparado en el contenido literario de Bowie y los estados de alienación a los que alude. Por ejemplo, en la violencia doméstica del texto de “Repetition”, que ella interpreta como si estuviera cantando la lista de la compra… ∎

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