Álbum

Sorry

Anywhere But HereDomino-Music As Usual, 2022

19. 10. 2022

“Anywhere But Here” es, seguramente, la única clase de disco que podía salir de Sorry después de un par de años de extrañeza pandémica. Asha Lorenz y Louis O’Bryen, su núcleo creativo, vieron sus vidas algo más afectadas que muchos de nosotros: los pobres tuvieron la desdicha de lanzar el muy estimable “925” (2020) solo cuatro días después de que empezara el confinamiento nacional en Reino Unido.

Por eso en su segundo álbum se canta sobre frustración, aislamiento, rupturas, distancias, los círculos viciosos del daño o una ciudad (Londres, en su caso) que antes conocías a la perfección y ahora parece una extraña. Sorry sienten un evidente rencor hacia su suerte. Lo que no quiere decir que hayan perdido ganas de hacer verdaderos hits de pop alternativo o hayan cambiado el groove contagioso (a veces filo-trip hop) por la pesadumbre slowcore. De hecho, este podría (¡debería!) ser su disco de revelación popular. Crucemos los dedos.

Ayudados por Adrian Utley (Portishead) y Ali Chant en la producción, Lorenz & O’Bryen han reunido un puñado de canciones de las que construyen carreras y acortan las distancias (cada vez más inexistentes) entre underground y overground. La primera en la frente: “Let The Lights On”, desesperada canción de amor (“Te quiero / Quiero decirte que te quiero / Porque te quiero”) en clave de irresistible grunge-electro-pop, un poco al estilo de los mejores Metric, pero con más perfectas imperfecciones e intensidad más volátil. Más adelante siguen riéndose de su propia hambre romántica en “There’s So Many People That Want To Be Loved”: “Hay tanta gente que solo quiere que la quieran / Pero tú eres el único par de manos en el que puedo pensar (en el que estoy pensando)”.

Todos los trajes e ideas musicales que se prueban les sientan bien. Lorenz transmuta en diva alt-R&B en “Key To The City”, sleeper de la radio en un mundo ideal. Con esos aires medio carnavalescos, “Willow Tree” se diría su singular e irresistible homenaje a Tom Waits. Aunque esta vez querían tirar menos de samples, “I Miss The Fool” alcanza su clímax en un extraño inserto operístico; el efecto es fantástico.

Es en la segunda mitad del disco cuando esa (aparente) diversión da paso a momentos más cabizbajos a todos los niveles. “Tell Me” podría hablar del final de un affaire o del lúgubre marzo de 2020: “Ahí, ahí se va, la vida que conocía tan bien”, canta al principio O’Bryen con el tono del Damon Albarn más solitario. “Closer” es hit, pero hit amargo sobre la espiral de la adicción. La verdadera joya de la corona, sea como sea, está semioculta como penúltimo tema del tracklist: “Screaming In The Rain”, en la que O’Bryen y Lorenz se dejan de ironías para intercambiar reflexiones sobre sentirse un extraño en el lugar donde vives o en la relación en la que antes era fácil comunicarse sin abrir los labios. ¿Cómo sonaría un dueto perdido del citado Albarn con Karen O? Exactamente a esta gloria de canción. ∎

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