Libro

Antonio Moresco

Los comienzosImpedimenta, 2023

02. 10. 2023

No deja de resultar sorprendente la exigua bibliografía editada en castellano de un gigante de las letras como Antonio Moresco (Mantua, 1947). Para comenzar con la más que necesaria reivindicación de tan perfecto prototipo de aspirante a premio Nobel, editorial Impedimenta se ha lanzado con la publicación de su trilogía “Giochi dell’eternità” (1998-2015), de la cual “Los comienzos” (“Gli esordi”, 1998; Impedimenta, 2023; traducción de Miguel Ros González) es su primera parte, experiencia monumental comparable a la trilogía “Cegador”, culmen creativo de Mircea Cărtărescu, aunque con matices. Más allá de ser un verso libre, el escritor italiano es un amante de la imaginación del absurdo, no de la hipérbole barroca que con vigor onírico es capaz de plasmar el genio rumano página tras página.

Pero a lo que vamos: abordar una de las novelas más ambiciosas y fascinantes que nos ha proporcionado la literatura traducida al castellano de 2023 hasta ahora. O cómo se puede rastrear los rincones de la belleza hasta el punto de cegarnos con una historia de historias, dentro de un juego constante con el lector en el cual Moresco rompe las líneas divisorias entre estilos, cánones de guion y todo lo que pueda entorpecer semejante alud de vivencias cosidas con el hilo invisible de la autobiografía de fondo. La misma que él nos muestra mediante los raíles mentales que se dirigen a una fantasía central: poner patas arriba todo lo que huela a rutina o normalidad. Porque, en realidad, si de algo trata el trabajo del escritor de Mantua es sobre romper con los cánones del posmodernismo literario. Y lo hace en base a una mirada que entronca con fustigadores de los convencionalismos de estilo como Olga Tokarczuk o Thomas Pynchon. A tales niveles estamos aludiendo cuando nos centramos en novelas tan desbordantes para los sentidos como la presente. Alegoría de la realidad que no percibimos, vislumbrada por un protagonista anónimo con la capacidad de ver lo intangible que sí existe. Por medio de dicha premisa, Moresco construye un desfile delirante de personajes como el Gato o el Tió.

En base a esta formulación, crecen ríos de texto y diálogos pulidos con toque clásico, donde la tragicomedia se postula como forma de entendimiento superior. Deleite mayor para un tipo que, a través de su estilo tan particular, consigue hacernos creer en una especie de Giuseppe Tomasi di Lampedusa empujado a las vertientes fantásticas del realismo. Toda una hazaña que bien podría caer en los pastos de la irregularidad, tan frecuentes en los valientes que desafían el juego de estilo y demás técnicas de salvavidas consensuados por la opinión generalizada. Pero ni esa posibilidad asoma a lo largo de estas seiscientas sesenta y dos páginas turbulentas. Lo que se entiende como el aterrizaje de un monolito donde narrativa y poesía han encontrado una forma de subsistencia conjunta a la que solo nos queda agarrarnos y perdernos a través de una lectura que propone el alucinamiento como forma hipnótica de atracción hacia sus páginas. ∎

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