Por Cesc Guimerà→
12. 05. 2022
En la esquina de Broadway Market y Regent’s Row, en Londres, se puede experimentar la odisea de Dushane Hill para pedir un café a 3,5 libras. Temporada uno (de hecho, la tres), episodio dos. El local es real y se llama One Broadway Market. Esta es la nueva realidad de “Top Boy” (creada por el norirlandés Ronan Bennett, 2019-), la serie relanzada gracias al empeño y la cartera de Drake. Un pequeño fenómeno –casi londinense, casi local– sobre bandas y gentrificación en el este de Londres que emitió sus dos primeras temporadas en Channel 4 entre 2011 y 2013 y que renació hace un trienio en Netflix. Viejos conocidos, nuevos marcos y un lugar identificable dan forma a uno de los grandes fenómenos británicos recientes, del que ya se ha anunciado temporada de desenlace.
Dushane Hill (Ashley “Asher D” Walters) ha regresado de Jamaica, donde están sus raíces. Y Sully (Kane Robinson, Kano en su faceta de músico grime) acaba de salir de la trena. La vieja guardia vuelve a las calles para relanzar su negocio de venta de droga como imperio de los narcóticos. El tablero de juego ya no es el barrio. La acción se traslada en parte al sur de España y al norte de Marruecos para tomar el control de la línea de suministro. También al mundo de los negocios legales. Y qué mejor negocio que la vivienda en un área en transformación asediada por los especuladores.
“Top Boy” es también la biografía de un lugar, Summerhoue. Y aunque la zona de viviendas sea ficticia por aquello de evitar malestares, es abiertamente reconocible. El lugar es The London Borough Of Hackney, histórica zona obrera del East End, ahora hervidero de mercados callejeros de comida, tiendas de productos ecológicos y artesanales y de cafeterías y restaurantes independientes, que se entremezclan con tradicionales barberías y fish and chips. En Hackney y sus once distritos se puede pasar del día a la noche en el salto de una calle a otra. De los bloques de protección oficial característicos de los barrios desfavorecidos que acogieron principalmente a la inmigración caribeña –donde se encuentra el mercado de Ridley Road, centro neurálgico del trapicheo en la serie– a la zona más trendy de London Fields –nada que ver con Martin Amis, estamos en la otra esquina de la ciudad– en la que se han instalado un buen número de acaudalados cuarentones que siendo veinteañeros merodeaban Shoreditch y Brick Lane. Las viejas casas victorianas vendidas por encima del millón de libras se funden con los nuevos apartamentos de lujo y los viejos almacenes reformados en torno al canal.
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