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Oído en la redacción de Rockdelux el día en que se publicó “Borracha”: “Si esta canción no llega a un millón de ‘streams’, no entenderé nada”. Aún le queda recorrido al hit de “Diplomática” (2021), el más reciente EP de María Escarmiento, que aúna definitivamente su vocación underground con su pasado mainstream en “Operación Triunfo”. “Borracha” es precisamente eso, un corte de reguetón con ecos jamaicanos que celebra la juventud pospandémica (“Estoy borracha, pero no me siento mal (...) Ya veremos mañana”) y le da la vuelta a un clásico popular moderno como “Puede ser” de La Oreja de Van Gogh & El Canto del Loco: “Naces y vives sola / Pero las noches me las paso acompañada”. Olé tú, María. Aleix Ibars
Este hito de “Roku Roku” (2021) concentra en un minuto el pasado y el presente de la música popular española: un sample “pitufado” de Camela (“Amor imposible”), dúo que segú Rojuu suena “a opening de ‘anime’”, sirve de prólogo y epílogo a una brevísima gran canción que no necesita de estructura tradicional ni estribillo claro para dejar huella. Desde la producción, Carzé maltrata la voz de Rojuu en el intento, quizá, de reflejar el nerviosismo y los titubeos de ese amante en busca de una reconexión. Juan Manuel Freire
Putochinomaricón se ha coronado desde hace tiempo como el A.G. Cook de aquí. No hay nadie que haya sabido entender mejor (y trasladar) la estela de PC Music al panorama nacional. “DM” es una balada hyperpop sobre el amor a golpe de notificación, actualizando los códigos de aquel “Atrapados en la red” de Tam Tam Go! –¿aceptaría Chenta esta referencia?– a base de privados, audios y dobles ticks. Si la frase “no hay memes que expresen lo que siento por ti” no te derrite el corazón, tal vez signifique que eres demasiado boomer para esto. Alba Molleda
“La Bea con la Zowi, eso sí que es excitante”. Lo anunciaban en su anterior tema juntas, “Trafikantes” (2019), y lo confirman en “Mi mejor amiga”. Inseparables desde niñas, como demostraron con fotos en sus stories de Instagram, se dedican esta canción la una a la otra por su duradera amistad: “Nunca divididas, siempre de la mano / ni por gatos ni por cueros, esto sí es amor verdadero”. Si Thelma & Louise hicieran reguetón estoy segura de que acabarían componiendo una canción como esta. Bea Nieto
“El azul del cielo / el azul del mar…”. Primeras palabras que suenan en los primeros segundos y te conducen directo al horizonte de la melancolía. Un piano y una voz confesional, de un Marco Maril en privada catarsis emocional, frágil intimidad en medio de la playa, abierta al misterio del universo. Y unos coros celestiales de Iria Vázquez que completan la magia y el asombro. Lo más sencillo, lo más hondo. Belleza pura que acongoja y reconforta a la vez. “Y el dorado pálido / de la arena fresca / en la primavera…”. Ricardo Aldarondo
Vaya manera la de Lucas Vidaur, alias Confeti de Odio, de entrar a Sonido Muchacho. Por la puerta grande, que se suele decir. Por la de San Pedro, deberíamos decir esta vez. “El cielo son los otros”, su primera referencia en el sello madrileño, es una preciosa celebración de la amistad y de cómo solamente tenemos sentido junto a los nuestros. Después de un 2020 espantoso y un 2021 que ya tal, no necesitamos más para caer rendidos. Y si encima el tema cuenta con reminiscencias líricas de una canción tan colosal como “Kurt” de Tirana y cuenta con la siempre excelsa producción de Juan Axolotes, pues qué os vamos a contar: Lucas, te has ganado el cielo. Patri Di Filippo
Ben Yart, integrante también de Chill Mafia, se ha ganado con creces su lugar en 2021. Y “Mañaneo” es una de las razones de peso. Un storytelling canalla y tremendamente realista, en el que el navarro consigue plasmar las vicisitudes de un “mañaneo”, valga la redundancia, a través de una combinación de punchlines, costumbrismo, absurdez, ingenio y una plasticidad lírica y asonántica que hacía décadas que no veíamos. Todo ello envuelto en una atmósfera sonora nihilista y minimalista. El resultado: una de las canciones más bonitas y sucias del año. Al Sobrino
Si Rafael de León y Salvador Valverde hubieran puesto letra a la villana de Batman Poison Ivy, quizá el título resultante hubiera coincidido con el de esta “rumbita ‘fuzzera’ con agogô”, como la define su autor. En “Verdes veneno”, Paco Moreno, un intimista trovador, se pone en la papelina de un adicto a lo tóxico, capaz de doblar la dosis ante los ojos de su amor con brillo de facas. Puro DIY inteligente (aunque con disimulo) y divertido (sin pretenderlo). Como ya se dijo, está llamado a ser uno de los imprescindibles en cualquier verbena de las próximas Navidades. Miguel Tébar A.
Mientras la acústica delimita el primer compás, el canal izquierdo sujeta a duras penas la avalancha de retroalimentación à la J Mascis que nos acompañará los próximos dos minutos y quince segundos. La sencillez rítmica, la transparencia melódica y la literalidad de un texto generacional sobre el fin del romance y las amistades peligrosas confieren equilibrio y hondura a una canción que oposita a himno. Y que invita a recordar las primeras dianas de Los Planetas, las del EP “Medusa” (1993). César Luquero
Desde Santa Coloma de Gramenet, Queralt Lahoz saca a relucir sus ancestros “granaínos” en esta cautivadora aleación de flamenco, rap y bass music en la que presume, con chulería y arrogancia, de sus orígenes y del humilde puchero de su hogar familiar. Un tema que rezuma autenticidad y orgullo de barrio. Pura y ardiente verdad. Parafraseando su estribillo, se puede afirmar que Queralt sí conoce el fuego. Advertencia final: el tema es muy bueno, pero gana muchos enteros en su poderoso y vibrante directo. Luis Lles
Marcos Crespo, hombre orquesta en Depresión Sonora, articula este memento mori ultramelódico entre breves guiños a Cicatriz, patrones rítmicos con el pitch por las nubes, efectivas yuxtaposiciones de riffs exiguos y elásticas líneas de bajo. El joven músico madrileño asume la finitud –suya, nuestra– y mira a los ojos del vacío nihilista, pero, al final de cada estrofa, nos anima a coger las rosas siempre que podamos. A prender las mechas que, de vez en cuando, siguen apareciendo por el camino. César Luquero
Amaia sigue perfilando una silueta musical emancipada (del reality que la presentó en sociedad), refinada y de una sensibilidad exquisita dos años después de su primer activo discográfico. Lo volvió a poner en evidencia con este anticipo de un álbum venidero (programado para el 2022) donde seguirá invirtiendo en una identidad liberada de ataduras. Su voz se eleva elegantemente, sin necesidad de aspavientos, sobre un colchón tejido con retales sonoros añejos y contemporáneos, rematado con un hermoso y contenido crescendo –definido por la entrada de las cuerdas– que podría llevar la firma de Emile Haynie, pero que en realidad pertenece a Alizzz. Marc Muñoz
Es una pasada todo lo que hace el Goulja. El jovencísimo jerezano nos da mil vueltas a todos. Desde esas primeras canciones en La Vendición (no solo “el rascal”, uno de los discos del 2020; sino incluso los primeros temas de corte más trap en 2018) a su último álbum, “dreamcore” (2021), en el que tienen cabida desde Marcelo Criminal hasta Depresión Sonora. Y es precisamente en el featuring con este último donde culmina brillantemente este viaje del trap al post-punk más oscuro. Un temón donde se encuentran lo mejor de Décima Víctima y Led Er Est. Patri Di Filippo
Quizá sin proponérselo, los navarros Chill Mafia han materializado una de las impepinables cumbres del trap nacional. Esta cuadrilla, que ha popularizado la dupla txapela & txándal, lanza una incendiaria bomba sonora de aroma neorrural y descaro infinito en la que desafían los límites del humor y de lo políticamente correcto (“de liada en El Zulo, soy Ortega”) y citan a Sabino Arana y Ruper Ordorika entre risas, Auto-Tune y subgraves, todo adobado con desparpajo y en “euskañol” por Beñat y toda la panda. Luis Lles
De entrada diría que la zambra mora de Califato ¾ me suena a procesión santa a las tantas de la madrugada recorriendo todos los baretos de la Sevilla profana. Claro que también me suena como si los Wu-Tang Clan hubieran nacido en Triana y en vez de películas de kung-fu se hubieran inflado a ver spaghetti wésterns. Porque lo que acaba coronando esta bestialidad de temazo es cuando entra el silbido de Kurt Savoy, añadiendo a Morricone a una mezcla que, por imposible, joder, parece un milagro. Alejandro G. Calvo
Es fascinante esa nueva vida que están insuflando artistas jóvenes a un género anclado en el pasado y con el que se hacía dificilísimo conectar. En “La magia de tu melena” se dan la mano la tradición gallega, gracias al santiagués Manuel González (aka Ortiga) y el asturiano Rodrigo Cuevas. Castañuelas, gaitas, sintetizadores, tambores, letras en gallego y bable celebrando las fiestas populares y una melodía pegadiza que empieza de forma casi convencional pero a medida que avanza sorprende con una cabriola electrónica que no podríamos haber imaginado hace unos años. Carolina Velasco
Dice Nuno Pico (Grande Amore) que esta canción, literalmente, es su vida: 25 años resumidos en cuatro minutos que suenan a martillo pilón de punk industrial. Entre DAF, Sleaford Mods, Suicide y The Sisters Of Mercy, pero con producción aguardentosa de Hevi (Malandrómeda, Fluzo), acento callejero de A Mariña lucense y una retranca que confluye con la desesperación existencial de alguien que no encuentra su sitio. “Un día me voy a reír al acordarme de esto / De esta pena que a veces tengo / que no me deja estar triste / ni me deja estar contento”. David Saavedra
Ante una canción redonda, clásica, nada pretenciosa, que habla de la estima de forma delicada, cabe subrayar una voz de expresión madura que domina el sentido de la lírica. La autora, que también firma las músicas, es licenciada en Filología Hispánica y responde por Soleá Morente. “Ayer” es ya una pieza capital de su carrera, incluida en su cuarto álbum, “Aurora y Enrique” (2021), dedicado a sus padres. Soleá canta al amor dulce, poético, aromatizado de pop, precedido por una pieza de un solo verso, “Aurora”. La luz de los versos crece al mirar el vídeo. Miquel Queralt
La Zowi y Mark Luva son, posiblemente, la dupla que nadie pidió de antemano, pero que nos merecemos. Una relación simbiótica y ya duradera en la que Markel pone a disposición de La Zowi todo su abanico de referencias sonoras, fruto de más de una década en la vanguardia. “Malianteo” emocional, como ponerse sonidos de taladros a modo de ASMR, en “Matrix” La Zowi serpentea por el ritmo con una combinación de egotrippin’ y una sencillez y rotundidad líricas que solo da la seguridad en una misma. Al Sobrino
Elegantona y bailonguísima balada de synthpop para escuchar en tu yate (en caso de no tener uno, procúrate invitación) después de la medianoche y fantasear con el amor perdido y/o futuro, lo que te venga bien. Una línea de bajo perfecta y un derroche de sensacional saxo vacilón (a cargo de Julián Álvarez) rematan la ensoñación escrita, susurrada y producida por Eva Valero, una pieza de muchos quilates que ofrece promesas de rozarse las manos casi garantizadas (la COVID, ya sabéis). Pablo Ríos
“Por el filo de una espada / se pasea una culebra / No tiene tanto veleno / como tienes tú en la lengua”: si esos versos no bastan para rendirse ante una canción, ahí están el gallego Álex Casanova aka Baiuca y el asturiano Rodrigo Cuevas desplegando la artillería pesada con un ritmo que te atrapa desde el primer momento y que conecta electrónica moderna con música atávica muy apropiada para un tema que celebra la brujería. En un año que nos privó de la posibilidad de bailar durante meses, “Veleno” invocó la posibilidad de reconvertir las fiestas del pueblo en una rave: nada que objetar. Carolina Velasco
En esta vida, algunos son warriors y otros somos, sobre todo, worriers. Si no hay nada de lo que preocuparse, rápidamente encontraremos algo con que hacerlo. De esto trata la enésima bendita meditación pop de Doble Pletina sobre lo cotidiano y lo eterno, enfundada en otra perfecta melodía vocal con ecos del Donosti Sound y arreglos tan prístinos como sofisticados e incluso intrigantes. Laura Antolín canta como casi nunca: esa indolencia duele de verdad. Directa al Top 5 (¿Top 1?) de este ya icónico grupo de indie barcelonés. Juan Manuel Freire
Es la última canción del primer y excelente disco de Verde Prato; pero, aunque llegue al final, se alza claramente como el hit, la joya más reluciente del conjunto, el tema que todo el mundo recuerda. Es tan natural, suena tan perfecta, que parece una versión de un clásico de toda la vida o de una canción popular cantada por tejedoras guipuzcoanas a la sombra de una tarde de agosto. El inicio a capela ya enamora (¡qué bien canta Ana Arsuaga!), pero cuando entra el ritmo caes rendido y te conviertes en fan sin vuelta atrás posible. Carles Novellas
Sin duda no hay fruta más asturiana que la manzana. Al igual que probablemente no haya una pluma más intensa en el reino que la de Nacho Vegas. En “La flor de la manzana”, anticipo de su disco para 2022, se latiniza colaborando con Mancha ‘e Plátano, cuatro boricuas afincadas en Barcelona que corean con dulzura el estribillo alrededor de la inconfundible voz del xixonés, mientras este imagina un casino construido en plena selva como imagen del colapso de la civilización. Miguel Tébar A.
La escribió David Rodríguez como regalo de bodas para la creadora de vídeos Rocío Quillahuaman y Néstor F. (que acabó dirigiendo su autobiográfico videoclip) y, con la voz de Maria Rodés dando el contrapunto al personaje masculino que interpreta aquel, la melodía alcanza aquí grandes cotas de belleza. Ayuda también la producción de guitarras acústicas, steel guitar y, en el estribillo, un efectivo arreglo de cuerdas que aumentan la emoción. Adentrarse en esta canción es regresar a esos momentos de la vida en los que los nervios por el primer beso pueden cambiarte la existencia para siempre. JuanP Holguera
Salió en abril. Con el cantaor toledano abrazándose a los recuerdos robados de la infancia, ensoñado, sembrándose con ellos un huerto de estrellas. Ya decía Tom Waits que se es inocente cuando se sueña. Con el corazón de un niño, Israel ha compuesto este primor de fandango, con trazas del nonagenario Antonio El Rubio cuando era joven, a quien Israel produjo el disco “Sigo siendo” (2020). Respeto. De los coros de “La inocencia” se encargan cinco niños de Las Tres Mil Viviendas sevillanas (Rocío, Antonio, Lela, Lele y Juanito), de la guitarra y producción Diego del Morao, de los arreglos de cuerda Yelsi Heredia y de la electrónica El Guincho. Miguel Martínez
Este país de politiquillos trepas, advenedizos de medio pelo y consumados instagramers se merecía una canción/astracán así. Porque “Fotos con las autoridades”, por extraño que parezca, aún no existía. Hasta que al siempre agudo dúo riojano Espanto le ha dado por cubrir el vacío. A modo de sátira y a ritmo de rock’n’roll electrónico vía Alan Vega (bailable o así), ha cazado al cazador, o ha retratado al vicioso objeto y objetivo amañado del retrato. “El caso es que tú siempre sales con pinta de no enterarte / pero ya lo creo que te enteras / bajo esa piel hay una calavera que sonríe medio desquiciada / Con el ministro, con el obispo, con fulano, con el alcalde”. ¡Toma ahí! Javier Corral “Jerry”
Los ganchos de Bad Gyal no son de este mundo. Si “Hookah” o “Zorra” ya dejaron claro la clase de hits tamaño internacional de los que era capaz, “Pussy” sube la apuesta con un ritmo de alto octanaje (cortesía de El Guincho, tan infalible como siempre en la producción, pero probablemente más infeccioso que nunca) y barras next level como “Mi personalidad no está a tu altura / Déjate de flipar, me pareces basura” o “Distancia social, te echamos de aquí”. Más que chulería, esto es dominio puro y duro. Y actitud. No se puede ser más jefa. Juan Monge
Directamente desde las pistas de baile indies de la primera década de los dosmiles desde las que proviene Cristian Quirante (aka Alizzz), la sociedad que ha redefinido el pop español actual se marca, ahora, en camino inverso, una canción sobre el declive y el fracaso, con el innato gancho melódico del productor (ahora protagonista) Alizzz y el deje de C. Tangana, tan acelerada como la vida que transcurre en “Tiene que haber algo más” (2021). Noche, drogas, resacas, empalmes, amores de ida y vuelta y la perspectiva de la caída. Algo así como reírse de sí mismos ahora que ambos están en la cresta de la ola. Cesc Guimerà
Dualidad de contrarios. En esta canción Sen Senra nos ofrece luz y precipicio al mismo tiempo. Cielo y pecado encerrados en un arco iris synthpop revitalizante, al menos en la primera parte de esta autopista de doble vía, con un segundo acto donde nos arrastra a un limbo brumoso de planos abiertos, dentro del que se interroga a sí mismo. Un acto de sinceridad arrebatadora, muestra fidedigna de por qué estamos ante la descripción más cercana posible de lo que se entiende por el Frank Ocean ibérico. Marcos Gendre
El dúo compuesto por Helena Ros, soprano, y Marta Torrella, contralto, dislocan la música tradicional del país con criterio y desparpajo. El azar puso en sus manos los versos del filósofo afgano Sayid Bahodín Majruh, escritos en pastún, y traducidos al catalán por la arabista Margarida Castells en el libro “El suïcidi i el cant” (2018). La lectura las sedujo y, sin mayores referencias, crearon una pieza vocal luminosa, sin aditivos ni excesos de IA que supone un ejercicio de funambulismo cultural, en que la dulzura del inicio contrasta con la rabia del desamor de la segunda parte de la canción. Miquel Queralt
Tangana y Peluso se marcan un pussy riot en la Catedral de Toledo a ritmo de una bachata más pegajosa que un chicle. Rivalizando con la otra gran exponente del género ahora mismo –“La fama” de Rosalía y The Weeknd–, el madrileño y la argentina dotan al género dominicano de una deslumbrante contemporaneidad y acompañan la melodía y el ritmo adictivos de la canción con la sensualidad de un vídeo en el que sexo y fe copulan bajo una cuidada simbología. Al final, la religión del amor terminó con la dimisión del deán. Luis Lles
Rigoberta Bandini ha ascendido meteóricamente al olimpo camp del pop alternativo estatal, ese espacio raro en el que conviven bandas que se toman a sí mismas disonantemente en serio como La Casa Azul, Alaska o Love Of Lesbian. La fórmula no es desconocida, como no es desconocido que funciona, pero si en algún momento cuaja con verdadera personalidad es en “Perra”, un canto feminista que subvierte la imagen del perro con bozal y de la “perra”, de la sumisión en pareja y en sociedad, y que nos ha dejado alguna de las frases del curso: “Aunque si yo fuera perra / También compondría mis temas / Porque nadie me puede prohibir ladrar”. Diego Rubio
Antònia Font han vuelto. Y el primer avance de su nuevo disco, que llegará en 2022, suena como si nunca se hubieran marchado. “Un minut estroboscòpica” no prosigue ese amago de cambio de hoja de ruta que supuso su último álbum, “Vostè és aquí” (2012), sino que reconecta con su imaginario y sonido más reconocibles. Sobre todo, nos transporta a “Batiscafo Katiuscas” (2006), y a esa cosmogonía en que el fondo del océano se confunde con el mapa de las galaxias, pero esta vez desde una experiencia más serena que mística. Porque “Un minut estroboscòpica” no busca la euforia del éxito instantáneo, sino la alegría plena y plácida del regreso al hogar. Eulàlia Iglesias
Como una prolongación de lo que fue “Obvio” en su anterior largo, “Duele” es un oasis en medio del remolino de ideas que contiene “Hambre”, el disco de Kiko Veneno de 2021. Y claro que suena a él, pero diferente. Porque aquí hay poesía de lo cotidiano, guitarras españolas y, de propina, algo de electrónica valiente bien dosificada. Puede despistar por momentos, resolviendo su rueda de acordes principal donde no te lo esperas, pero la recorre una espina dorsal de sabiduría y emoción a raudales con el inconfundible sello de su autor. JuanP Holguera
Tengo la teoría de que C. Tangana no sacó “Ingobernable” como single porque se tenía que guardar algún as en la manga a la hora de publicar “El Madrileño” (2021), y no hay mejor as que esta rumba con Nicolas Reyes y Tonino Baliardo (Gipsy Kings), desde ese cajón flamenco a esas palmas que marcan el compás y que se meten en el cuerpo nada más comenzar la canción. Antón Álvarez es fiel al género hasta en esa letra que perpetúa el imaginario de la mujer inalcanzable, pero a la vez innova con un sutil vocoder, con esas apelaciones tan frecuentes en su música o esas pequeñas pausas que sirven para crear tensión. No es exagerado afirmar que no solo es uno de los mejores temas del madrileño, sino también un clásico. Carolina Velasco
Rosalía tiene lo que hace grandes a los grandes: atrapa al oyente desprevenido con melodías adhesivas. “La fama”, una bachata de aires arabizantes y magrebíes, cantada con The Weeknd, se te mete en la cabeza y ya no te la quitas de encima en la vida. Da lo mismo que lo hagas con orgullo o como guilty pleasure; se quedará contigo como “Mamma mia” se quedó con la generación de la movida. Pero no esperes que “Motomami”, su inminente tercer álbum, vaya a ir (solamente) por ahí… Rosalía es la Madonna actual y de su chistera puede salir cualquier cosa. Jesús Rodríguez Lenin
Regresando a la vitalidad, se diría. El primer revulsivo fue “Himno de España”, single de presentación del retorno (tan ansiado y necesario) de Kokoshca, posicionamiento más aparatoso y retador con su cañonazo de ritmo palmero. Pero la canción verdaderamente redonda vino después, como un despertar del letargo pandémico, como una crisálida que porta una huella juvenil y ancestral a un tiempo. Una estrella con mucha cola que certifica a unos Kokoshca que están en plenitud.
“Regresando a la ciudad” se apoya en el valor seguro (una vez que se halla, que es lo difícil) del estribillo esplendoroso (¡y doble!) al que se llega por un camino de éxtasis y crescendo, frase a frase, cada una de ellas, un hallazgo. Y con rimas gloriosas que lanzan la canción como un cohete: “Y ya no vives en nuestro piso / en el que siempre tenías frío / Ahora vives con un chaval / y estás fatal”. Gracia innata, aguda y refinada, escondiendo el romanticismo doloroso de un abandono del que resurgir, para un canto precioso y malévolo de amor melancólicamente vengativo. Ese órgano cargado de pasión, esas voces de Iñaki y Amaia que se van conjugando y tentando hasta el subidón final en agudos y emoción...
Clásica fe en el pop con gancho para nuevas generaciones. Un himno romántico con el que soñar con volver a corear ante un escenario. Armas eternas del pop para conjugar penas y alegrías en cuatro minutos memorables en cada frase, en cada detalle. Como siempre ocurrió. Como se echaba tanto de menos. Ricardo Aldarondo
Casi nunca las cosas duran para siempre, una idea muchas veces explorada en la música popular. ¿Qué sucede a partir de ahí? Pues que toca volver a empezar, una idea pocas veces expresada con imágenes tan poderosas como las que proyecta “Milagro”. En “CLAMOR” (2021), el segundo álbum de Maria Arnal i Marcel Bagés, el dúo catalán juega a imaginar un final, decantándose, cuentan, por enfocarlo como un renacimiento en lugar de un apocalipsis. Arranca así, emitiendo desde ese lugar oscuro y a la vez tremendamente lúcido que es una ruptura sentimental. De contrastes va la cosa en esta canción que se muestra vulnerable y resuelta, que duda y que suena como si esta vida se le quedase pequeña.
Esa tirantez palpable se construye a partir de cambios de intensidad. La melodía, serpenteante, así lo dibuja. Hay tensión, más tensión y así hasta que se libera solo para poder acumular más tensión, en un ciclo que se repite durante los cerca de dos minutos y medio que dura.
“CLAMOR”, un álbum de texturas electrónicas, de vocación aventurera y experimental, se refugia aquí en el pop como catalizador de emociones. El disco es, también, un trabajo excepcionalmente bien urdido a nivel conceptual, partiendo de un renacer, de un milagro, hasta concluir en “Alborada” al son del clamor de unas campanas. Edu Fernández
Este es un himno que molesta porque lo empuña la propia protagonista del oprobio y, por extensión, de todas las protagonistas que lo sufren. “Merichane” es el nombre que recibía “la puta del pueblo” de Úbeda, donde Zahara nació, y el apodo que ella tuvo a los doce años. Lo explica al final del videoclip de la canción que simboliza un álbum, “PUTA” (2021), que desde la portada hasta sus incisivas letras y su abrasivo sonido es un desafío a toda una trayectoria jaleada por esos momentos en que el hecho de ser mujer es una doble prueba para las relaciones personales, artísticas, mediáticas.
Y María Zahara Gordillo Campos lo escupe en este “MERICHANE”, con mayúsculas como todos los nombres de mujer en el álbum, para fagocitarlo aunque esto suponga quitarse todas las protecciones y aparecer frágil y vulnerable. Y este “Yo estaba ahí” se repite hasta diez veces como un grito de rabia y catarsis para enumerar todas esas ocasiones en que se había sentido humillada, culpable, maltratada, aunque también partícipe de este juego de poder y contrapoder en el sexo y el amor.
Lo hace, precisamente, sobre las bases eufóricas de la electrónica de su adlátere Martí Perarnau IV, que dan la impresión de vivir sobre el momento esos episodios de fiestas traumáticas, noches de resaca emocional, soledades llenas de ruido. Y también de esos encontronazos con las discográficas en los que el paternalismo anula.
Y llega la vuelta y estribillo pausado de la canción, susurrado a dicción lenta, donde Zahara confiesa que no sabe salir, no logra huir de este ciclo infernal, sintiéndose atrapada en sí misma. Y toca uno de esos temas tabú que, en una sociedad católica que sigue persiguiendo conciencias y provocando traumas, demuestran que la jienense da en el clavo y que su alegato es pertinente. “Yo estaba de rodillas pidiendo perdón a vuestro Dios / Por no saber decirle que no”, confiesa como una María Magdalena que no acepta su rol y que cuando lo encarna como una virgen con niño, durante la Puta Gira, recibe las iras de ese patriarcado inquisitorial. Bienvenida sea en el reino de las diosas. Vicenç Batalla
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