Arte y parte. Llego a Granada desde el desierto almeriense y me doy cuenta de que, sí, es un vergel. Es agosto y mediodía y la primera brisa que me llega al salir de la estación huele a marihuana. Mochileros, hippies y sufíes siguen teniendo Granada como el destino místico de cada verano. Eso está bien: me acompañará los dos días que pasaré con Los Planetas en su ciudad natal y con Niño de Elche, ilicitano, sí, pero de familia
granaína emigrante. Y la primera mala noticia es realmente buena y significativa: el nuevo patronato de la Alhambra, hijo del tripartito de derechas que gobierna Andalucía desde hace unos meses, que había cedido sus espacios para este reportaje, cancela su compromiso cuando se entera de que entre los invitados está Niño de Elche. Esta medida policial redefine nuestro paisaje felizmente. Para aquellos que creían que Los Planetas eran algo así como un monumento más del catálogo patrimonial de Granada, unos monstruos oficiales, este gesto de repulsión certifica que no, que bajo el bronce inmovilizador Los Planetas siguen siendo un grupo que continúa vivito y coleando. Además, el veto de la oficialidad ultramontana a Niño de Elche despeja cualquier duda sobre el título del proyecto y del nuevo disco,
“Fuerza nueva” (El Ejército Rojo-Sony, 2019).
Fuerza nueva no es una invocación esotérica a VOX, sino más bien una toma de conciencia de qué significa este giro bárbaro del populismo que asola Europa desde la derecha nacionalista.