Mariola Membrives ha estado probándose los vestidos que guardará mañana en el baúl de las Américas. Estamos en una Córdoba sofocante, su ciudad, por más que naciese en Andújar. En dos días viajará a Brasil, donde va a cantar un repertorio que incluye “El amor brujo”, de Manuel de Falla, algunas de las canciones populares de García Lorca y “La oración del torero”, de Joaquín Turina. Dueña de una voz excepcional y de una sensibilidad gaseosa y noble, Membrives –de 44 años– ha redefinido la aventura de ser artista en este siglo inasible.
Conversamos con ella a propósito de “La Babilonia” (La Reyna Music, 2022), un álbum extenso e inspirado en la mitología sumeria en el que todas las composiciones llevan su firma. Un trabajo importante, que amplía su frondosa paleta expresiva incorporando sonidos, rítmica y arreglos que combina con el sustrato flamenco que siempre ha dominado en su obra.
Estamos ante una obra que me parece excepcional, abrumadora, inmensa… pero soy incapaz de interpretar la portada.
Teníamos muchas portadas, muy diferentes, pero elegí esta porque creo que era la más inquietante. Yo lo que veo es una especie de barbie en el desierto, con tacones, totalmente desubicada y retocada… Una mezcla de artificio y naturaleza. Para mí representa la obligación de estar siempre manteniendo una pose, pero enfrentándose a esa exigencia.
¿Cómo surge “La Babilonia”?
Cuando me encontré con los textos violentos y radicales del código de Hammurabi empecé a entender muchas cosas y a quitarle importancia a muchas otras. He entendido los matices del infierno y del cielo, del descenso y de la ascensión. Hay un montón de situaciones, pero al final solo importa el lecho. Por eso “El lecho” es la última canción del disco. La vida no es vida si no es fértil, abundante. “El lecho” no está ni afinado, porque es salvaje, es real.
Creo que es muy valiente hacer un álbum que puede ser clasificado de conceptual, en un momento donde todo es breve, pequeño, fugaz, inmediato.
Mi objetivo no es no hacer concesiones. Ojalá pudiera hacer una canción con la que todo el mundo moviese el culo y fuese feliz, pero ahora eso no es coherente con lo que estoy pasando. Sí, me sirvió de inspiración leer el código de Hammurabi. Lo que me reconforta es que, gracias a esa lectura, han salido cosas muy interesantes.
Para poder leer el contenido tienes que estar registrado.
Regístrate y podrás acceder a 3 artículos gratis al mes.