Por José Manuel Caturla→
24. 01. 2025
Circuit des Yeux es el apodo artístico de la cantante y multinstrumentista norteamericana Haley Fohr. En 2021 publicó un interesante álbum titulado “-io” que era ya el séptimo de su discografía, al que siguió el EP digital “Sunset Poem” (2022) compuesto por tres temas de “-io” remezclados por claire rousay. Dotada de un tono vocal contralto expansivo que deja a otras grandes damas del gótico profundo como Marlene Dietrich, Nico o Juliette Gréco a la altura de las margaritas, la de Indiana retorna el próximo 14 de marzo con un nuevo trabajo largo, el segundo para Matador, cuyo título ya se conoce, “Halo On The Inside” –viene a la memoria un disco en directo publicado en 2004 por Current 93, otros maestros del folk parapsicológico-místico, titulado “Halo”–. Producido por Andrew Broder (Bon Iver, Moor Mother, Lambchop), vendrá acompañado de una larga gira en directo por Estados Unidos y Europa, primero como telonera de Alan Sparhawk –Low– y después por su cuenta, pero con banda, saltándose España lamentablemente en ambos tramos.
En octubre salió un primer adelanto del disco con el título testamentario y de proporciones inimaginables “God Dick”. Al parecer Fohr se quedó prendada en un reciente viaje a Grecia de las representaciones y poderes de liderazgo del dios Pan, mitad hombre mitad cabra, cuya imagen pagana permanece asociada popularmente al satanismo y la demonología –la artista exhibe unos prominentes cuernos caprinos en la portada de “Megaloner”–. Aunque el asunto es bien antiguo, la visita le vino como anillo al pulgar de una artista que suele explicar su música recurriendo a metáforas de enorme carga simbólica y grandilocuencia: “crisálida”, “profundo deseo”, “alma en pena de amor”, “la bestia”, “época anterior al miedo”. “Megaloner” –otro zumbido: “Megachurch” (2023), de Ryder The Eagle, no tan en las antípodas estéticas como podría parecer– es menos sinfónica y disonante que “God Dick” –que podría acabar viralizándose como “big dick” con un poco de mala suerte–, no menos ominosa y con un ritmo oleaginoso que recuerda a los brillantes The Associates, los más sintetizados –Billy MacKenzie, su malogrado cantante, era otro as de las octavas–. Circuit des Yeux añade que “Megaloner” alude a las consecuencias que sobrevienen tras una acción: “Estoy cantando sobre la resistencia, la fe, el albedrío y el camino singular hacia el propio destino". Miedito.
En un párrafo más amplio de la nota de prensa se afirma que Fohr es una artista multidisciplinar que ha trabajado en la improvisación libre, la pintura o las instalaciones audiovisuales, con otras actuaciones menos saludables como lanzarse desde una azotea bajo la supervisión de un acróbata: pueden comprobarlo en el videoclip de “Sculpting The Exodus” –una pieza de su anterior álbum que recuerda mucho a los Cocteau Twins de “Blue Bell Knoll” (1988)–. En la filmación no menos inquietante que acompaña a “Megaloner”, Fohr encarna la presencia oscura que observa una serie de situaciones cotidianas ejecutadas por gente actuando de forma repetitiva y espasmódica. Pero más allá de las imágenes y los significados culturales está la música ritual de Circuit des Yeux. Grabada de 9 a 5 de la madrugada en el sótano-mazmorra-estudio que posee Fohr, “Megaloner” es claustrofóbica y amenazante, pero también hipnótica y pegadiza, por lo que goza de los ingredientes oportunos para que las legiones neogóticas amantes del pop electrónico más clásico alberguen grandes esperanzas en “Halo On The Inside”. ∎
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