Fundado en Montreal en 1999, el cuarteto Bozzini es una formación de cuerda especializado en música experimental que dirige varios programas anuales de tutoría para compositores jóvenes y emergentes. Entre estos programas destaca Composer’s Kitchen, una residencia de composición profesional en escritura para cuarteto de cuerda puesta en marcha en 2005, que se ofrece a cuatro compositores emergentes, combinando los formatos de taller, laboratorio, clase magistral y concierto. El lema del programa es “¡Atrévete a hacer lo que no has hecho antes!”, y en 2020 contaron con los compositores Vitali Karagkezidis, Alec Hall, la española Silvia Lanao y la artista sonora canadiense Sarah Davachi (Calgary, 1987). Davachi, aunque pianista de formación, ha desarrollado buena parte de su carrera discográfica en el ámbito de la música electroacústica, el drone y el ambient, pero el reto de su residencia con el cuarteto Bozzini consistía en componer una obra acústica basada en sus influencias, fundamentalmente Éliane Radigue y Terry Riley. El resultado, “Long Gradus”, de unos 67 minutos de duración, no se pudo estrenar en 2020 como estaba previsto (la pandemia, ¿recuerdan?) y lo hizo un año más tarde, en septiembre de 2021 en Utrecht, en el marco del Gaudeamus Muziekweek Festival neerlandés, pero ese tiempo extra fue aprovechado por Davachi para analizarla durante un período de tiempo mucho más largo de lo que habría sido posible en circunstancias normales.
Y dos años después del estreno la propia compositora de origen iraní ha publicado la obra en su propio sello, Late Music. Lo interesante es que fue compuesta en cuatro movimientos –u “observaciones armónicas en cuatro partes”– y de tal forma que pudiera ser interpretada, como reza su subtítulo, “por cualquier conjunto de cuatro instrumentos similares”. Así, además de la versión sencilla del disco, en la que se escucha la pieza original, para cuarteto de cuerda, interpretada por los Bozzini (Alissa Cheung, violín; Clemens Merkel, violín; Stéphanie Bozzini, viola, e Isabelle Bozzini, violonchelo), existe una versión “expandida” con otros tres arreglos de la misma pieza para instrumentos de viento-madera, viento-metal y órgano, coro y electrónica, que se ha publicado en una caja de cuatro CDs en la que cada CD lo ocupa una de las versiones (cuatro horas y media de música prácticamente ininterrumpida).
Quien esté acostumbrado a las peculiaridades de la música drone tiene aquí ocasión de disfrute continuado: cuando escuchamos música tendemos a oír solo las líneas melódicas, pero ¿qué sucede si nos detenemos a escuchar cómo resuena el eco de un acorde de piano o cómo reverbera una cuerda de violonchelo? Esta idea está en el corazón de lo que Pauline Oliveros denominaba “escucha profunda”, una filosofía que adopta la escucha intencionada para ir al corazón del sonido y que ha sido adoptada por músicos de todo el mundo para mostrarnos por qué es una herramienta tan valiosa en un mundo cada vez más ruidoso.
A lo largo de los cuatro movimientos de cada uno de los “arreglos”, Davachi da forma al desarrollo, como a cámara lenta, de progresiones que exigen la máxima atención por parte de los intérpretes (también se le pide al escuchante), con sutiles cambios en los acordes e intervalos. La ausencia de melodía y ritmo permite que el sonido puro sea lo primordial y, según informa Davachi en su bandcamp, no hay indicaciones fijas de tono, textura y sonoridad, lo que permite a los intérpretes cierta libertad a la hora de determinar la forma de la pieza… lo que quiere decir que la composición cuenta con una estructura abierta que hace que cada posible interpretación, a cargo de un cuarteto de cuerdas diferente, resulte única e impredecible.
El segundo arreglo corre a cargo de la australiana Rebecca Lane y Sam Dunscombe (dos de los integrantes de la Harmonic Space Orchestra), con una versión para, respectivamente, flautas y clarinetes. El tercero de los arreglos se ha realizado para instrumentos de viento-metal y órgano, con el alemán Weston Olencki y el californiano Mattie Barbier, dos trombonistas de conservatorio que desde 2014 trabajan exclusivamente como dúo, bajo el nombre de Rage Thormbones.
El último arreglo cuenta con la voz de la mezzosoprano (y pianista y compositora) estadounidense Judith Berkson, probablemente la más famosa (junto con el Quatuor Bozzini) de los intérpretes de la obra –ha colaborado con otras orquestas de cámara como Kronos Quartet y Yarn/Wire, y ha publicado un álbum en solitario en ECM– que grabó una versión coral realzada por las ondas sinusoidales generadas por la propia Davachi, que trabaja los registros graves más como un campo electromagnético que como pasajes tonales, en los que, con una lentitud inmaculada, va añadiendo notas sueltas, de una en una, ascendiendo lentamente.
Todos estos arreglos siguen la misma partitura, pero como si todos los intérpretes se hubieran toma al pie de la letra la escritura abierta de la composición, cada versión ofrece notorias diferencias tímbricas e, incluso, tratándose de una obra de cuatro horas y media de duración, se diría que hay variaciones interpretativas que convierten su escucha en un entretenimiento muy satisfactorio. ∎
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